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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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El miedo a las fiscalías autónomas

Por: Diego Petersen

El miedo a las fiscalías autónomas

El miedo a las fiscalías autónomas

No deja de ser curioso, y un poco patético, que los diputados locales de Morena se desgarren las vestiduras porque en Jalisco el gobernador electo Enrique Alfaro no acepta una fiscalía autónoma mientras que en el Congreso federal los diputados de MC hacen los mismos reclamos a López Obrador. Ninguno de los dos, ni el Presidente de la República ni el gobernador electo de Jalisco quieren una fiscalía autónoma como se ha planteado desde el movimiento Fiscalía que sirva. López Obrador habló de una “autonomía de facto”, es decir porque yo digo que es autónoma, aunque no lo sea. Alfaro quiso ponerle el apellido de autónoma nomás para ver quién se la creía, pero nada tiene que ver con lo que han planteado los grupos que desde la sociedad civil impulsan estos cambios.

¿Por qué es importante una fiscalía autónoma?, ¿a qué le temen los gobernantes? Tener una fiscalía con autonomía del poder Ejecutivo es la única forma de asegurar que la justicia no se aplique con criterios políticos. Si en Estados Unidos, por citar un ejemplo, no existiera esta autonomía del fiscal general, nunca se habría investigado y procesado a quienes fueron parte de la llamada “trama rusa” en la elección de 2016. Visto desde el otro lado, si en México la fiscalía fuera autónoma, López Obrador no podría hacer el llamado Punto Final, pues no dependería de él la decisión de si se persigue o no a los corruptos del pasado, si se procesa a los ex presidentes o a quienes cometieron ilegalidades en las campañas, de todos los partidos, incluidos los de Morena.

Los argumentos de López Obrador y Alfaro son distintos. El primero dice que no dejará la Fiscalía en manos de organizaciones fifís de la sociedad civil de las que, con razón o sin ella dice desconfiar profundamente. El gobernador electo de Jalisco alega, no sin razón, que en estos momentos la prioridad es la seguridad y no quiere tener una fiscalía que no esté completamente alineada en el logro de ese objetivo. Por motivos distintos, ambos han cerrado la puerta.

Tener el control político de la acción penal es una de las grandes fuerzas de cualquier gobernante; es el garrote más importante con que cuenta el poder Ejecutivo. Eso no quiere decir que uno u otro lo vaya a usar perversamente, simplemente no quieren dormir pensando que ese garrote no esté al lado de su cama para cuando se necesite, o peor aún, que lo tenga otro y termine golpeando a uno de los suyos.

Ningún gobernante cederá ese espacio de poder, habrá que arrebatárselos como en su momento les arrebatamos el control electoral, pero ello implica una larga y tortuosa batalla que llevará años porque los políticos no le tienen miedo a la autonomía de las fiscalías; le tienen pavor.

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