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El depredador de Hollywood

El depredador de Hollywood

El depredador de Hollywood

En 2005, una periodista le preguntó a la famosa Courtney Love cuál sería su recomendación para las jóvenes actrices que comenzaban su carrera en Hollywood. Ella respiró profundo antes de dar una respuesta muy concisa: “si Harvey Weinstein te invita a una fiesta en un hotel, no vayas”. Doce años después de esa declaración y quién sabe cuántas víctimas más, salió a la luz la verdad sobre uno de los productores más influyentes de la industria cinematográfica.

The New Yorker destapó los hechos. A lo largo de la semana pasada se han ido sumando mujeres que aseguran haber sufrido acoso o agresiones sexuales por parte de Weinstein, entre las que se encuentran Angelina Jolie, Rose Mcgowan, Gwyneth Paltrow, y otras más que poco a poco se han animado a contar la historia que decidieron callar mucho tiempo.

Muchas de ellas coinciden en cuanto a la manera en la que operaba el productor. Las citaba siempre por razones laborales en un hotel, las recibía en bata y les pedía un masaje. Luego se quitaba la ropa, las perseguía, o las tocaba a la fuerza. El productor se aseguró de afectar la carrera de quienes se negaron. “Nunca triunfarás en este negocio si no entiendes sus reglas”, les decía.

No es la primera vez que las actrices denuncian los abusos a los que se encuentran expuestas al dedicarse al cine, lo grave es que este tipo de historias no se quedan detrás de las pantallas grandes. Al contrario, nos hacen revivir a cada una de nosotras las experiencias de abuso que preferimos tratar de olvidar para no pensar demasiado en la vergüenza y seguir adelante.

Los depredadores podrán ser diferentes, pero actúan de forma muy similar. Algunos con insinuaciones sexuales que se disfrazan de bromas para ser aceptadas socialmente. Unos cuantos amenazan a sus víctimas para que no hablen, so pena de perder todo por lo que se esforzaron. Otros que se hacen los ofendidos ante el reclamo directo, pues no se asumen como acosadores (aunque lo sean). Y así puede seguir la lista en la que, sin importar la edad que tengamos, las mujeres estamos vulnerables a estas situaciones incómodas y peligrosas.

Lamentablemente este tipo de conductas no se dan únicamente en enfermos mentales y adictos al sexo. Son el pan de cada día en las oficinas, las escuelas, las calles, nuestros propios hogares. Y no se cuentan.

Por eso es tan valiente, como desgarrador, que salgan a la luz pública estos testimonios que nos invitan a reconocer y a no minimizar el acoso en ninguna de sus presentaciones. Sólo hablando de lo que nos pasó podemos evitar que esto continúe ocurriendo. Tenemos que encontrar formas de apoyarnos y protocolos para actuar y defendernos lo mejor posible. Por nosotras mismas, por nuestras hijas, es momento de dejar de aguantar.

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