Sábado, 28 de Enero 2023

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El antialfarismo

Por: Jonathan Lomelí

El antialfarismo

El antialfarismo

¿Existe algo parecido a un antialfarismo que sólo ve, digamos, el Lado A de Jalisco e ignora un supuesto Lado B?

Lado A. Balean y matan sin distinción de clase en Puerta de Hierro, Providencia y las Fiestas de Octubre. Escándalos y torpezas legislativas, endeudamiento, confrontación política estéril y mediatizada, crímenes ambientales, desapariciones, especulación inmobiliaria cómplice, negocios privados con lo público y frivolidades: una pantallita que promociona a Jalisco en el aeropuerto de Madrid y la bendición propagandística del Papa.

Lado B. Según el oficialismo: reducción de la incidencia delictiva, gestión de la crisis sanitaria, inversión y recuperación económica, obra pública, premios nacionales e internacionales a programas de Gobierno, federalismo, renovación del modelo de transporte público, Peribús y nueva Ley de movilidad.

De ser así, primero habría que definir el antialfarismo.

Antialfarismo: Dícese de la postura política que antepone su antipatía al gobernador Enrique Alfaro, exacerbada por un acentuado enfoque en los malos resultados de su Gobierno (que afectan al antialfarista), su irritabilidad beligerante, su impermeabilidad a la crítica y sus modos autocráticos.

También habría que, por justicia, definir su opuesto.

Alfarismo: Dícese de la postura política que antepone su simpatía al gobernador Enrique Alfaro, exacerbada por un acentuado enfoque en los buenos resultados de su Gobierno (que benefician directa o indirectamente al alfarista), su liderazgo, su fortaleza ante las críticas y su determinación para transformar la realidad.

Igual que AMLO, Enrique Alfaro polariza. Sin embargo, la división que genera el Presidente tiene un trasfondo y actores visibles. El antiobradorismo más visceral es clasista: los nacos, prietos y pobres que ni hablan inglés llegaron al poder. Reducida a su mínima expresión, la Presidencia de AMLO simboliza eso: la lucha de los pobres contra los ricos. Sacude al statu quo de la clase bienpensante y las buenas conciencias, aunque en el fondo sólo sustituya la gestión corrupta del poder y el dinero sin descender de la cúpula.

Pero Enrique Alfaro, ¿por qué divide? ¿Qué categoría conceptual define esa división? ¿Por qué el gobernador de Jalisco polariza tanto o igual que AMLO?

Diría que más allá del ímpetu despótico del mandatario estatal (similar al de AMLO pero que éste disfraza con humor e ironía), el antialfarismo surge de un profundo sentimiento de traición.

Traición del político que se dijo distinto, pero resultó igual. Traición del Alfaro que denunciaba endeudamientos cómplices del Gobierno de Emilio y Aristóteles, pero endeudó al Estado. Traición del Alfaro que ante la inseguridad exigía la renuncia del gobernador por incompetente, pero con los mismos resultados, se mide a sí mismo con otra vara.

Traición del candidato que transformó su discurso y prioridades como gobernador. Traición del político que incumplió sus acuerdos con otros grupos políticos.

En AMLO, la polarización surge de la amenaza y la incompetencia evidentes. En el caso de Alfaro, la polarización surge de la traición y la mentira.

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