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Viernes, 19 de Octubre 2018

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El Padrino

Por: El Informador

El Padrino

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Por Mauricio Giaconía

Dentro de 81 días, Rusia dará comienzo al Mundial 2018, que bien pudieron alojar España y Portugal, pero la candidatura conjunta de los ibéricos perdió la votación en la última ronda, en diciembre de 2010, cuando la elección, realizada en Zurich, determinó que, por primera vez, un país de la Europa Oriental sería el anfitrión.

El próximo Mundial estará marcado por los contextos políticos. El último se desencadenó el 4 de marzo tras los envenenamientos, en el Reino Unido, del ex espía ruso Sergei Skripal y de su hija, con un agente nervioso de fabricación rusa.

La primera ministra del Reino Unido, Theresa May, anunció que ningún representante de la familia real asistirá al Mundial ysuspendió todos los contactos bilaterales de alto nivel entre ambos países. Además, el Parlamento determinó la expuls ión de 23 diplomáticos rusos del Reino Unido por el completo desprecio demostrado por Moscú ante la gravedad del incidente.

Sergei Skripal es un ex oficial de inteligencia militar ruso que actuó como un agente doble para el MI6 —la agencia de inteligencia exterior del Reino Unido—. En diciembre de 2004, fue arrestado por el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) y, posteriormente, juzgado, condenado por alta traición y encarcelado. En 2010, se refugió en el Reino Unido tras el intercambio de espías del Programa Ilegales.

Skripal, de 66 años, y su hija Yulia, de 33, fueron encontrados inconscientes, en estado catatónico, sentados en un banco público de Salisbury, ciudad famosa por su espléndida catedral gótica que guarda la mejor copia de la Carta Magna.

Las muestras de sangre determinaron que el agente nervioso utilizado es Novichok, desarrollado por la Unión Soviética en las décadas de los setentas y ochentas y considerado como uno de los más tóxicos que existen —una compuesto orgánico químico, capaz de colapsar el mecanismo mediante el cual el sistema nervioso envía mensajes a los órganos del cuerpo—.

Ambos permanecen en estado crítico y el caso de envenenamiento está siendo investigado como un intento de asesinato.

El canciller ruso, Sergei Lavrov, confirmó que su país no colaborará con la investigación hasta que Reino Unido entregue una muestra del Novichok utilizado para el ataque.

La embajada rusa en Londres calificó de inaceptables, injustificadas y de poca visión las medidas adoptadas por el Reino Unido, por no estar sustentadas en ninguna evidencia, y confirmó que pronto expulsará a diplomáticos británicos de Moscú.

Para alimentar el morbo de lo que será la convivencia durante el Mundial, el sorteo de la Europa League determinó que, el 5 de abril, el Arsenal tenga que viajar a Moscú para enfrentarse al CSKA en la ida de los Cuartos de Final. El 12 será la revancha, en Londres, una eliminatoria calificada de alto riesgo.

El diario británico The Independent definió al próximo Mundial como el más político de la historia, más que el de 1978, en Argentina —la Junta Militar provocó una oleada de represión histórica— que tuvo un contexto más bien interno, con escasos nexos con el exterior, mientras que en Rusia ocurre exactamente lo contrario.

La mitad de los rusos se consideran pobres —según un estudio de la facultad de Economía de la Universidad Moscú—, una cifra que se acrecentó en los últimos años y que provoca desconciertos sociales, más cuando el Estadio Krestovski de San Petesburgo —una joya arquitectónica del evento y uno de los más caros del planeta—, es siete veces más caro que la estimación inicial.

Pese a ello, la imagen que se tiene de Putin fuera de Rusia en nada se parece puertas adentro. Hace una semana, fue reelecto para el periodo 2018/2022 —su cuarto mandato— con 76.4% de los votos, una victoria rutilante para un mandatario que dirige, directa o indirectamente, los destinos del país más grande del mundo desde hace casi dos décadas. A caballo de esos números, sólo importa el discurso que envía a los ciudadanos rusos. Ni el hipotético y casi nulo afán de ver a su Selección ganando el título, hará cambiar el concepto que el mundo tiene de él, sobre todo en Estados Unidos, que ni siquiera se clasificó para jugarlo, con lo cual ningún estadounidense se enterará de que hay un Mundial en juego (aunque, a decir verdad, poco hubiera cambiado este concepto con la Selección estadounidense presente en Rusia).

En Sochi 2014, Rusia ganó el medallero de los Juegos Olímpicos de Invierno. El año pasado, por primera vez, el Comité Olímpico Internacional sancionó a todo un país por el descubrimiento del dopaje sistemático impulsado por el Gobierno ruso para estimular, puertas adentro, el desarrollo de la actividad deportiva, y para volver a insertar a Rusia, puertas afuera, en el contexto internacional. Todo el equipo de la Federación Rusa fue inhabilitado para participar en los recientes Juegos de Invierno de PyeongChang, con el antecedente nefasto de todo el equipo ruso de atletismo imposibilitado de acudir a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Putin es un apasionado del deporte, pero no le gusta el futbol. Practica artes marciales, equitación, esquí, bádminton, hockey y pesca deportiva

A Mussolini tampoco le atraía mucho el futbol. Italia no concurrió al Mundial de 1930 por despecho con Uruguay, quien se ganó el orgullo de ser la primera sede por los bicampeonatos olímpicos de 1924 y 1928.

Mussolini quería ese privilegio para Italia. Otras potencias, como Inglaterra y Alemania, arguyeron su ausencia por los altos costos del viaje y los efectos de la Gran Depresión de 1929. Pero cuando Italia ganó la sede de 1934, Mussolini, que estaba en el poder desde 1922, la utilizó como instrumento de propaganda política del fascismo para ganarse el apoyo de los sectores populares y para exaltar a Italia como potencia mundial emergente.

Giorgio Vaccaro era el presidente de la Federación Italiana de Futbol. Mussolini, en un diálogo que bien pudo haber incluido Coppola en El padrino, le dijo: “No sé cómo hará, pero Italia debe ganar este campeonato. Por si no me ha comprendido bien, Italia debe ganar este Mundial. Es una orden”.

Esa orden Putin no puede darla por impracticable. Pero la tentativa de usufructuar la atracción que sólo un Mundial de futbol provoca será la misma.

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