Jueves, 21 de Octubre 2021

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El Ejército hasta en la cocina

Por: Diego Petersen

El Ejército hasta en la cocina

El Ejército hasta en la cocina

El candidato que prometió devolver al Ejército a los cuarteles; el presidente electo que ofreció pacificar al país con la participación de las comunidades; el presidente que dijo que iba a crear una Guardia Nacional con militares solo los primeros años, mientras formaba una policía confiable pero que tendría siempre mando civil, se ha quitado la máscara y ha entregado todo el poder a los militares. Desde las aduanas, puertos y aeropuertos hasta la absurda ocurrencia del día: la búsqueda de tesoros arqueológicos en el extranjero. Parafraseando aquel anuncio de Pemex, hoy tenemos al Ejército hasta en la cocina.

La reforma legal que se cocina ya en el gobierno de López Obrador pretende dar el mando, no solo operativo como es ahora, sino total de la Guardia Nacional al Ejército y por supuesto más presupuesto para crecer a este cuerpo policiaco militarizado. López Obrador, el que se dice distinto, el que ya no es como antes, ha llegado curiosamente a la misma conclusión de las voces más profundas del autoritarismo: hay que controlar el país desplegando el Ejército.

Crecer una policía cuya efectividad no solo no está demostrada sino cuestionada no parece la mejor de las rutas para mejorar la seguridad pública ni para atacar el fenómeno de pérdida de territorios que enfrenta gran parte del país. Sin embargo, nadie en el gobierno se atreve a contradecir al jefe.

Crecer una policía cuya efectividad no solo no está demostrada sino cuestionada no parece la mejor de las rutas para mejorar la seguridad pública

Olvidemos por ahora las extrañas tareas de construcción y administración que el presidente ha encargado a las fuerzas armadas. Que la Secretaría de la Defensa Nacional se haga cargo no solo del Ejército y sus labores propias de defensa de la soberanía nacional sino también de la seguridad pública a través de la Guardia Nacional tiene dos riesgos: el primero y más evidente es que los militares adquieren preponderancia que no habían tenido desde hace 70 años: el actual secretario de la Defensa tiene más poder, influencia y dinero que ningún otro de sus antecesores. El segundo, estructuralmente más delicado, es que se renuncia al sistema de contrapesos institucionales, pues a quererlo o no entre la Policía Federal, el Ejército y la Marina se cuidaban las manos los unos a los otros. Poner toda la seguridad, el poder y el dinero en unas solas manos es un riesgo enorme para las instituciones democráticas.

En los albores del sexenio, en una entrevista que pasó desapercibida en medio del ruido que genera el propio presidente en las mañaneras, López Obrador dijo que hacia el final de su periodo se imaginaba un Ejército más pequeño y una Guardia Nacional grande. Entonces pensábamos que se trataba de una policía de carácter civil. Por alguna razón -sea simple pragmatismo o terrible perversidad- él mismo descartó la idea de una policía civil y está poniendo el destino de su gobierno y del país en manos de los militares. 

diego.petersen@informador.com.mx

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