Sábado, 11 de Octubre 2025

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El Congreso de Jalisco y la dignidad perdida

Por: Diego Petersen

El Congreso de Jalisco y la dignidad perdida

El Congreso de Jalisco y la dignidad perdida

Entre las muchas definiciones de política la más socorrida es la que reza que política es el arte de tragar sapos y no hacer gestos. Una variante algo más patética de esta definición es que la política es el arte de hacer cosas indignas y hacerte el digno cuando te reclaman. Es el caso de algunos diputados de Jalisco que, tras una vergonzosa y vergonzante designación de consejeros de la Judicatura, en la madrugada, de espaldas a la gente, construyendo mayoría con votos comprados, ahora responden indignados a los señalamientos del Comité de Participación Social (CPS) del Sistema Estatal Anticorrupción (SEA) con un patético acuerdo legislativo.

Una de las modalidades de la nueva política es invitar testigos sociales para revisar procesos: mesas, comités, expertos. No podemos decir sino ¡qué bien!, de eso se trata un gobierno democrático, salvo cuando lo que se busca es solamente avalar decisiones previamente tomadas. Esto fue lo que pasó con el nombramiento de los consejeros de la Judicatura. Los diputados de MC y PAN, que ya habían acordado el reparto, quisieron simular un proceso abierto y quisieron tener el aval de las universidades y del CPS. El problema es que por andar jugando a los demócratas que no son, terminaron violando los términos de la convocatoria que ellos mismos redactaron, lo que provocó la reacción primero de las universidades, a quienes les echaron la culpa de las fallas en el examen, y luego del Comité de Participación Social del Sistema Anticorrupción, a quienes invitaron como testigos y que terminaron haciendo pública su opinión respecto al desaseo del proceso y presentando un amparo.

La dignidad no se compra, mucho menos se decreta desde la tribuna de un poder público

La respuesta de los diputados es visceral y absurda, reclamando una dignidad que el acuerdo legislativo mismo termina por probar que no tienen, pues en lugar de comportarse como un poder del Estado se dedican a denostar al Comité de Participación Social y a sus miembros en lo personal; es una diatriba rebosada en palabrería legislativa.

Les puede gustar o no a los diputados que el CPS se ampare ante sus actos y tienen todo el derecho a responder jurídicamente. Es cierto, ellos son los representantes populares y por tanto los únicos que tienen el poder para hacer este tipo de nombramientos. Eso nadie lo cuestiona, la pregunta, y eso es lo que tendrá que resolver un juez, es si pueden violar los términos de la convocatoria que ellos mismos emitieron.

La dignidad no se compra, mucho menos se decreta desde la tribuna de un poder público. En términos del ejercicio del poder, al menos desde Roma para acá, la dignidad no es otra cosa que representar con honorabilidad el poder conferido. Lo que hicieron los diputados aquella noche dista mucho de ser honorable, pues antepusieron sus intereses personales y de grupo sobre los del Estado. Atrapados en su pantano, entre más se mueven los diputados, más se hunden.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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