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Sábado, 17 de Noviembre 2018

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Edmond Rostand

Por: María Palomar

Edmond Rostand

Edmond Rostand

El año que corre marca al mismo tiempo el sesquicentenario del nacimiento del escritor Edmond Rostand y el centenario de su muerte. En Francia se celebran estas efemérides con distintos festivales, exposiciones, puestas en escena y concursos a lo largo de 2018.

Nacido el 1º de abril en Marsella, Rostand hizo ahí los primeros estudios y luego el bachillerato en el liceo Stanislas de París, donde también cursó la carrera de derecho, que nunca ejerció. Fue sin lugar a dudas el dramaturgo más importante y celebrado de Francia a finales del siglo XIX y principios del XX. Su fama comenzó desde 1895 con el estreno de La Princesa lejana; más tarde, La Samaritana (1897), El Aguilucho (1900) y Chantecler (1910) confirmarían su éxito, pero ninguna de sus obras recibió la delirante aclamación de todos los públicos como Cirano de Bergerac (1897), que además le abrió las puertas de la Academia Francesa.

Con Cirano de Bergerac, y más allá de su extraordinario talento poético, confirmado por todos los críticos, Rostand supo tocar las fibras más sensibles del gran público con una obra que resucitaba el teatro romántico de capa y espada, con su aliento heroico y su exaltación del espíritu y el ingenio francés, en momentos en que el país se levantaba después de la derrota en la guerra con Alemania, con la pérdida de Alsacia y Lorena, y los sangrientos días de la Comuna de París. Rostand recurre a un personaje histórico, un poeta narizón que vivió durante el Gran Siglo, el de mayor esplendor en Francia, y lo convierte en un héroe entrañable; escribe en el sistema de versificación tradicional del teatro clásico y romántico francés: la serie de pareados de alejandrinos con alternancia de rimas masculinas y femeninas. El estreno fue el 28 de diciembre de 1897 en el teatro de la Porte-Saint-Martin

La comedia heroica Cirano de Bergerac convirtió a Rostand en un auténtico poeta del pueblo, cuyos versos han sido admirados, conocidos y citados desde entonces.

Lo más notable fue que la pieza recibió un aplauso igualmente clamoroso en el resto del mundo. En el ámbito hispánico, la actriz María Guerrero y su marido Fernando Díaz de Mendoza otuvieron de inmediato los derechos para que su compañía representara la obra en castellano. El estreno, tan sonado como el de París, fue el 1º de febrero de 1899 en el madrileño Teatro Español. La entusiasta crónica del suceso la redactó para La Nación de Buenos Aires ni más ni menos que Rubén Darío. A la vuelta del siglo, fue también esa compañía la que puso en escena la obra en la ciudad de México.

Quienes han conocido el Cirano en español guardan eterno agradecimiento a sus traductores, tres catalanes (Luis Vía, José Oriol Martí y Emilio Tintorer) que, pese a haber trabajado al vapor, lograron producir algunos versos tan memorables y brillantes como los del original, aun cuando Darío es más reticente: “los catalanes han llenado bien su tarea hasta donde es posible en el medio en que tenían que presentarse...”    

DR

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