Jueves, 22 de Abril 2021

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Edificios altos: torres vs tortas

Por: Juan Palomar

Edificios altos: torres vs tortas

Edificios altos: torres vs tortas

Podemos decir que los edificios que rebasan los siete pisos son edificios altos, sobre todo ante la naturaleza de Guadalajara, en su gran mayoría de construcciones bajas. A raíz de la creciente demanda de vivienda en el casco tradicional de la ciudad vienen proliferando los edificios en altura. Esto, en principio, es una buena noticia  para la ciudad porque significa el avance de la tan deseada como conveniente densificación de sus zonas centrales, que habían, de forma acelerada, perdido una considerable proporción de su población.

La pérdida de población es gravísima para un municipio (parte integral de toda la ciudad) como el de Guadalajara. Automáticamente se reducen las famosas participaciones federales, parte muy sustantiva de sus ingresos, y que dependen  del número de habitantes. También, de alguna manera, se reducen los impuestos prediales y los pagos por el agua. Lo anterior es mayormente producto de la deficiente calidad de vida de entornos deteriorados y de la ilusoria expectativa de encontrar en los cada vez más lejanos suburbios y en los “cotos” mejores condiciones de habitación. Además se desperdician múltiples infraestructuras, equipamientos y servicios, que además hay que mantener en beneficio de insuficientes pobladores.

Total, múltiples edificios en altura destinados a vivienda están emergiendo, y vendiéndose bien, en diversas zonas de la ciudad. Quizá la principal zona deseada sea la que comprende el polígono ubicado entre las calles Tolsa/Munguía, Severo Díaz, Washington y México, con extensiones recientes a Jardines del Bosque. Está también, por supuesto, el pequeño fraccionamiento del Country, que cuenta ya con un excesivo número de edificaciones altas.

Ante la situación anterior no faltan las protestas de los vecinos, los conflictos y las afectaciones al contexto. ¿Cómo mitigar, o de plano eliminar esta tan negativa situación?

Con un ordenamiento eficaz y una serie de medidas que el ayuntamiento no solamente puede, sino debe llevar adelante.

Podríamos dividir, para empezar, a los edificios altos en dos categorías antagónicas. Las tortas y las torres. Las tortas, edificios gordos y pesados, son las que se generan a través del nulo ordenamiento del municipio. Ocupan toda la superficie del predio que las débiles normas “permiten” y son tan altas como tales medidas aceptan. Con eso se logra, automáticamente, un grave demérito del contexto circundante.

Incomprensiblemente se permite eliminar las servidumbres laterales y por lo tanto se aumenta el impacto sobre el asoleamiento y la ventilación de los vecinos. Al tener así solo dos fachadas, la frontal y la trasera, resultan a los lados dos fachadas ciegas, la mayor parte de veces espantosas y que además sirven con frecuencia para la tan dañina publicidad en grandes plásticos.

Las torres, para merecer esta denominación tienen cuatro fachadas y respetan casi siempre las servidumbres laterales, frontales y traseras con jardines. Su composición tiende a ser mucho más agraciada y, si hay talento, pueden ser una buena contribución e incluso un hito en un paisaje urbano que está, por naturaleza y necesidad, mutando. Permiten un mejor asoleamiento, ventilación e iluminación tanto de residentes como de vecinos, aminoran el impacto inmediato e inclusive mediato. ¿Qué esperará el ayuntamiento para poner orden, con la firme determinación de que todos los edificios en altura sean torres y no tortas para defensa y beneficio de la ciudad?

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