Martes, 07 de Diciembre 2021

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Dime quién lo dice y te diré qué digo

Por: José Ignacio Rasso Ibarra

Dime quién lo dice y te diré qué digo

Dime quién lo dice y te diré qué digo

En el río de voces y murmullos de la conversación pública no corre más la mesura, solo lanzas dirigidas sin escuchar al otro. Con gran facilidad desenfundamos veredictos sin tener las dos versiones, se compran a destajo tendencias en las redes sociales y se consiguen grupos de mercenarios digitales al mayoreo.

Creo que nos hemos cegado, nos hemos radicalizado, criticamos al Presidente pero nosotros reaccionamos de la misma forma. Hemos cedido el control de la reflexión y el análisis por el impulso, por el acto reflejo de la consigna. Perdemos todos y todas mientras creemos estar ganando. 

Dime quién lo dice y entonces te diré qué digo. A eso hemos reducido el debate público. 

Defendemos lo indefendible o embestimos a ciegas simulando intereses genuinos. Atacamos por atacar y callamos el acierto del otro porque no nos conviene. Nuestros criterios agonizan, las ideas sobreviven malheridas y aquel que alzó la voz quedó expuesto a la jauría del cobarde anonimato.

Es la polarización que vivimos la que nos orilla a decantarnos ciegamente por uno de los lados de la historia. Lo mismo pasa en el periodismo, en la opinión pública y en la clase política. El mismo hecho puede ser calificado diametralmente distinto y la noticia se pinta de rojo o amarillo dependiendo quién lo haya cometido. 

Lo importante parece ser el arsenal de municiones que nos queda al alcance. El ángulo que nos dé ventaja frente al otro, la daga fría que no sabe de medias tintas y la bajeza de sentimientos llena de risas obscenas.

Son los hechos que se diluyen en el tiempo bajo el matiz de la óptica que nos conviene. Lo de menos es indagar lo sucedido, lo importante es tener claro contra quién debemos embestir. Dime qué lista defiendes y te diré con qué pluma está escrita.

¿Acaso debemos criticar la militarización de Calderón pero avalar la de López Obrador? ¿Es preciso jerarquizar la tragedia de la guardería ABC frente a lo sucedido en la línea 12 del metro? ¿Es indispensable seleccionar nuestras balas en los casos de Lozoya, Peña Nieto o Pío López Obrador? ¿Es más o menos feminista defender los ataques contra Beatriz Gutiérrez Mueller o los que recibe Denise Dresser y muchas de las mujeres en México?

Es verdad que no existe la objetividad absoluta, pero nos queda el intento de alejarnos de la subjetividad para ponernos en el contexto de los hechos antes de emitir sentencias. Buscar un acercamiento más limpio a nuestros propios juicios y dejar caer el velo de las consignas para transparentar la crítica.

No debemos caer en el mismo error de generar listas negras, sino construir puentes autocríticos donde la historia acomode las piezas.  Es urgente abrir el espacio al consenso y al debate. Buscar una opinión pública que esté libre de afiliaciones y colores partidistas. Una sociedad civil exigente. Una plataforma de demandas ciudadanas sin maquillar los desplantes de la clase gobernante. Y un discurso alejado del linchamiento binario o de la hoguera en la plaza pública.

Mientras respondamos con enojo, nublados por opiniones pragmáticas y replicando agendas ajenas; la demagogia y los extremos irracionales seguirán creciendo.

Así que cuando te pregunten quién lo dijo, no respondas automáticamente con nombres y apellidos, haz un intento de escucharte y profundiza en los hechos. 

¿Es esto suficiente? No, pero es un avance.

@JoseiRasso 

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