Viernes, 21 de Febrero 2020
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Diario de un espectador

Por: Juan Palomar

Diario de un espectador

Diario de un espectador

Atmosféricas. Días de ventarrones y otros meteoros paralelos invisibles. Uno de ellos es la soberanía absoluta de una luna pálida y esplendorosa. Llega como un atalaya que observa todos los destinos de la tierra; es algo universal y para cada habitante del planeta existe una visión específica y única de nuestro paciente satélite. Así, en la historia del tiempo de milenos, y de todos los seres desde que son humanos, todo habitante sublunar ha sido observador de la poderosa presencia en los cambiantes cielos, cada quien conservó parte como observador de la interminable historia en la que suceden todas las variables de posible existencia. Así, la luna es un cambiante espejo, siempre igual y siempre distinto. Un lugar en donde se han forjado destinos, una diminuta y al mismo inmensa materialización de un significado esencial para cada quien. Una visión fundamental para cada época, cada estación y cada conjunto de habitantes.

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La benevolencia gentil y justa de Jorge Esquinca señala varias erratas y omisiones en la transcripción pasada de ciertos versos o frases fundamentales para la bien construida y clara armazón de sus poemas. Así que va una mejor transcripción,  con un renovado esfuerzo, de cada uno de sus espléndidos versos. Con una disculpa cordial al poeta y otra para el improbable lector que ya ha pasado por la lectura previa de la columna. Pero se dice que es siempre saludable regresar, cada vez, a la mejor poesía, la que nutre y da forma al ánima. Con la esperanza además de no incurrir en otras erratas.

Van, con la gentil y segura benevolencia del poeta, algunas transcripciones de su temprana entrega. No basta insistir en la importancia y el discreto magisterio que el delgado volumen constituyó para su generación y para las siguientes que han tenido entre sus manos esta primera producción ahora ya insustituible en el devenir de nuestra más entrañable poesía.

Abre el volumen un brevísimo poema que, sin embargo, fija el clima que, a través de los años ha sabido mantener su rumbo y su alto registro. Ese que ha llevado a Jorge Esquinca ser una de las principales voces de la actual poesía mexicana.

Es de madrugada

la lluvia persiste sobre la ciudad

con su danza sigilosa.

Clarea, tu duermes y las nubes

lejos de tu sueño se dispersan.

No despiertes aún

yo he pasado por ti la noche en blanco.

**

(Margen primero)

Cruza una parvada,

en la lenta penumbra

su vuelo permanece.

**

Yo miré crecer la lluvia en su abandono

De alforja despedazada,

de pan luminoso en la fiesta del páramo.

Largamente la miré conmover escombros,

correr entre las calles

con su voz antigua y clara,

golpeando en cada umbral, en cada quicio,

como una niña precoz

que se cansa de callarse su secreto.

jpalomar@informador.com.mx

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