Martes, 02 de Junio 2020
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Deuda, para qué

Por: Diego Petersen

Deuda, para qué

Deuda, para qué

La deuda pública goza de mala fama y pésima publicidad. No es para menos; el mal manejo de la deuda en este país nos llevó a una serie sucesiva de crisis económicas con devaluaciones asociadas (1976, 1982, 1985) que tuvieron su origen en un mal e irresponsable manejo de las finanzas públicas. Desde entonces la deuda quedó satanizada y eso explica en gran parte la resistencia que tiene el presidente López Obrador para endeudarse como una de las medidas recomendadas para la reactivación económica. 

El gobierno de Enrique Alfaro, que tiene la afición contraria, está solicitando al Congreso adquirir deuda por 6 mil 200 millones de pesos, lo cual no es ni bueno ni malo en sí mismo, todo depende de para qué y cómo se aplique esa deuda. La función de la deuda en un país, un estado, una empresa o una familia es adelantar bienestar o desarrollo. Si la deuda ayuda para acelerar la recuperación económica del estado después del coronavirus, perfecto, tiene lógica estudiarla. Si la deuda es para tapar el boquete de las finanzas públicas por la crisis, no tiene ningún sentido. Todo, claro, a condición de que quien adquiera esa deuda tenga capacidad de pago.

Por este y otros mecanismos el gobierno de Alfaro ha contraído obligaciones por más de 11 mil millones

Jalisco la tiene; sus finanzas públicas son muy sanas. Esto es gracias al estricto manejo de la deuda del gobierno de Aristóteles Sandoval, pero eso no lo van a decir en ninguna exposición de motivos o declaración, pues los gobernantes suelen ser terriblemente mezquinos cuando se trata de reconocer lo que sus antecesores hicieron bien. Hay, pues, capacidad para el endeudamiento sin comprometer gravemente las finanzas del estado en los años venideros. Estando de acuerdo en que la deuda no solo no es mala, sino que en momentos críticos es fundamental para generar desarrollo y que Jalisco tiene un techo de endeudamiento que no lo pone en riesgo, la pregunta clave es para qué la deuda. Los que ha presentado el gobierno del estado no son proyectos concretos, con montos y tasa de retorno económico y social sino números vagos para conceptos generales. Lo hacen con toda intención, lo que buscan es tener la mayor manga ancha en el manejo de esos recursos. Cuando se ha hecho así, los recursos acaban dilapidándose. 

Esta administración tiene, decíamos, una afición por los arrendamientos que, otra vez, pueden ser mucho mejor solución que la compra directa de activos si están bien estructurados. Por este y otros mecanismos el gobierno de Alfaro ha contraído obligaciones por más de 11 mil millones de pesos. Antes de autorizar cualquier deuda los diputados tienen que exigirle al gobierno transparentar todos los compromisos, pero sobre todo que presente proyectos y estudios de en qué se va a gastar y cómo va a beneficiar al estado cada peso. 

Si los diputados, da igual de qué partido, le dan carta blanca al gobierno del estado estarán haciendo exactamente lo mismo que tanto han criticado y lo contrario para lo que fueron electos: cuidarle las manos al Ejecutivo.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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