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Sábado, 22 de Septiembre 2018

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Desastre en Chapala

Por: Juan Palomar

Desastre en Chapala

Desastre en Chapala

El pueblo de Chapala fue, desde sus orígenes, bellísimo. Una pequeña aldea de indios a la que se sumó la aportación (de forma más o menos impositiva) de los españoles. La parroquia de San Francisco es antiquísima como institución, y la fábrica de su iglesia data de los siglos XVII, XVIII (ábside), XIX y XX, cuando el señor cura Navarro, por “embellecerla” en los setenta, la forró de cantera desfigurándola para siempre, y dejándola cojitranca, ya que no le ajustó el dinero para engordar y crecer una de las torres, lo que al final resultó mejor.

La vecina célebre casa de los Braniff se edificó, probablemente, sobre parte del solar de la iglesia. Don Porfirio y su corte volvieron brevemente a Chapala en una especie de Saint-Tropez de petatito, pero muy digno. Villa Tlalocan, que todavía existe desfigurada, era la casa que sus amigos regalaron al dictador pero que nunca llegó a habitar. Más bien llegaba al Manglar, que más o menos subsiste.

Luis Barragán tuvo allí una casa solariega que transformó en 1932 en un obra maestra en espera hoy de restauración y adecuado uso. Intervino en la casa y el jardín del Mago, ayudándoles a sus dueños y proyectistas con ideas. Toda la Escuela Tapatía de Arquitectura dejó en Chapala su huella. Pedro Castellanos (Villa Ferrara), Rafael Urzúa, Ignacio Díaz Morales, Juan Palomar y Arias, Enrique González Madrid… La generación anterior también dejó valiosísimas aportaciones: Guillermo de Alba con tres obras maestras: la Estación del Tren, la villa Mi Pullman (su propia casa) y Villa Niza. Ambrosio Ulloa dejó la casa de los Arróniz y su propia casa increíblemente demolida (atrás del mercado), hace muy pocos años estaba pintada de verde, por más señas. Luis y Carlos Ugarte, Miguel Aldana, Federico y Fernando González Gortázar, Enrique Nafarrate… todo el who’s who de la arquitectura jalisciense dejó Chapala cuajada de invaluables patrimonios.

Nadie menos que D.H. Lawrence escribió allí The plumed serpent. Tennessee Williams pasó por allí, así como la mayor parte de la generación beat. Había en ese tiempo una muy notable comunidad de artistas extranjeros y locales entre los que estaba el destacado poeta Witter Bynner, quien fuera luego propietario de la casa Barragán. Mucho después Mike Laure le dio inolvidables canciones al lugar. Y, alguien más que no me acuerdo Chapala rinconcito de amor.

Total, tantas glorias para qué. Mucho patrimonio se ha perdido y la zona turística, por lo menos, está ahora hecha un asco. El municipio es rico. Recibe muy cuantiosos prediales que no se entiende para qué sirven o a dónde van a parar. Chapala debería estar como tacita de plata, ser un orgullo nacional e internacional: ¿qué nos pasa?

Lo primero que habría que hacer es una campaña de limpieza a fondo, ordenamiento del comercio ambulante y regulación de toda la imagen urbana. Rescatar el arroyo de San Miguel y convertir su corredor en lugar de recreo de los chapaltecos y en otro atractivo turístico que conectaría fluvialmente el bulevar de la entrada de Guadalajara con la Estación del Tren.

Y, sobre todo, encargar a un muy solvente grupo de arquitectos un plan maestro completo con todos sus componentes. Y luego volverlo ley, y respetarla. Por mientras, ir a Chapala seguirá siendo una triste y decepcionante experiencia, y la decadencia continuará. Hagamos algo ya.

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