Martes, 09 de Marzo 2021

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Cultura en Jalisco, ¿a quién le importa?

Por: Diego Petersen

Cultura en Jalisco, ¿a quién le importa?

Cultura en Jalisco, ¿a quién le importa?

A tres semanas de la renuncia de la secretaria de Cultura, Giovana Jaspersen, lo único claro es que al Gobierno del Estado no le importa demasiado lo que suceda en esa cartera. Algunos dirán que es entendible; en un momento en que hay escasez de recursos, en el que las actividades culturales llevan un año paralizadas y hay problemas por todos lados, la cultura les parece un lujo asiático. Falso. Si lo miramos con un poco más de profundidad, de lo que nos habla esta decisión no sólo es de una inoperante estructura gubernamental sino, sobre todo, de una visión miope de lo que es y aporta la cultura.

De lo que nos habla esta decisión no sólo es de una inoperante estructura gubernamental sino, sobre todo, de una visión miope de lo que es y aporta la cultura

Si las coordinaciones han sido el gran fracaso de la estructura de gobierno de Enrique Alfaro, la Coordinación General Estratégica de Desarrollo Social es quizás la más emblemática, la que mejor representa esta superposición de estructuras que no ha servido para generar políticas transversales y lo único que han logrado es burocratizar decisiones, provocar luchas de poder y pugnas por el de por sí menguado presupuesto. No es un tema de personas (sin duda, como en todo, habrá quién se lleve mejor con unos u otros, pero reducirlo a ello evita ver los problemas de fondo) e incluso diría es anterior al asunto del presupuesto, es un problema de visión, quién a fin de cuentas toma las decisiones y en base a qué políticas.

A estas alturas del partido da prácticamente igual quién asuma la titularidad de la Secretaría de Cultura. Hay muchos tiradores que aspiran a gestionar el pequeño coto de poder que significan los poco más de 500 millones de pesos, pero da igual quién sea la secretaria o secretario. El pequeño margen de decisión que tenía la secretaría se perdió con en el recorte de 30 por ciento en términos nominales, casi 40 en términos reales. El problema de fondo es que esos 230 millones de pesos que el gobierno alfarista decidió ahorrar en cultura pintan poco o nada en el panorama: son 0.19% de los 128 mil millones de presupuesto general o, si se prefiere, 0.85% de los recursos programables, los que no son nómina o gasto de operación. Sin embargo, esos pocos recursos son la vida de la secretaría; esos 230 millones que el gobierno devora sin darse cuenta son el sustento de un ecosistema, pequeño y frágil, llamado comunidad cultural. No se trata de becas o apoyos directos sino de ese mínimo que hace la diferencia entre tener o no un teatro abierto en Lagos de Moreno, impartir o no cursos de pintura en una casa de la cultura en Ameca, o tener o no apoyo para hacer realidad una exposición o un concierto.

Sin duda un buen gestor con buenas relaciones con la comunidad cultural sería un mejor secretario, pero poca diferencia hace si lo que se están acabando, en términos presupuestales y de decisión, es a la propia secretaría.

diego.petersen@informador.com.mx

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