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Viernes, 20 de Abril 2018

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Cuidado, construyen un presidente superpoderoso

Por: Ivabelle Arroyo

Cuidado, construyen un presidente superpoderoso

Cuidado, construyen un presidente superpoderoso

Ahora sí se equivocaron feo los gobernadores que respaldaron la ley de seguridad interior en la Cámara de Senadores. Se entiende la urgencia de normar las tareas de los soldados vueltos policías en sus estados, pero los gobernadores (y ahora se incluye ahí Aristóteles Sandoval) están pasando por alto un detalle espeluznante: esta ley es la tapa del sepulcro para las potestades estatales y la aniquilación de la independencia política frente a un Presidente todopoderoso que además no saben de qué partido será en el 18. Mucho cuidado. Puede servir para combatir el crimen, pero también para anular a gobernantes locales incómodos para el señor Presidente.

No enlisto los problemas de derechos humanos que presenta la ley, ya hay muchas organizaciones y especialistas haciéndolo, y aunque es verdad que algunos son más gritones que responsables ante el crimen desbordado y el actual estatus del Ejército en nuestras banquetas, también es cierto que están librando una honrosa batalla.

Esa gesta —la de los derechos humanos— ya tiene muchos héroes. En cambio, la del superpoder que le están dando al futuro Presidente no tiene tantos Ulises.

Se necesitan guerreros que impidan la más aberrante consecuencia de la ley: hacer del Presidente un político, otra vez, superpoderoso. 

Les explico por qué: la ley que están a punto de aprobar nuestros sabios senadores (no se rían) permite que el Presidente decrete el envío del Ejército a un municipio, un Estado o una delegación; obligando al alcalde, gobernador o delegado a que entregue todo lo que le pidan los soldados, sin el concurso de otro poder que lo legitime o lo vigile.

A algunos no les suena mal lo del envío de tropas, y tienen razón: si hay una situación criminal tal que pone en riesgo a un Estado, claro que se necesita una acción extraordinaria. Quizá al Ejército, claro. Y por supuesto, el gobernador no se puede hacer guaje, debe quedar obligado a colaborar. Pero todo esto, y aquí está el quid, no puede ser decidido ¡por una sola persona! Se necesita el concurso de jueces y controles legislativos.

¿Pero saben qué control se puso en la ley? Un informe al secretario de Gobernación para que se lo cuente al Presidente. Entre eso y nada, mejor nada, para ahorrar tiempo. 

¿Y saben quién puede validar o impedir la locura de un Presidente que quiera militarizar Monterrey y subordinar al gobernador de Veracruz? ¡Nadie!

Los que deben defender el federalismo y los contrapesos son los gobernadores primero y los legisladores después, pero de los segundos no espero nada. De gobernadores que han mostrado responsabilidad, como Aristóteles Sandoval, sí espero más.

Castro vs Alfaro

El priista Miguel Castro no es el adversario rudo que puede dar pelea al pugilista Enrique Alfaro. Pero quizá es lo que buscan: no subirse a ese ring, poner un candidato sin negativos, con experiencia en campañas, que no se enredará con el estilo del emecista. Es una apuesta conservadora, pero bien alineada con la estrategia nacional del estilo Meade.

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