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Domingo, 27 de Mayo 2018

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Creo votar por quien menos prometa

Por: Carlos María Enrigue

Creo votar por quien menos prometa

Creo votar por quien menos prometa

Supongo que estoy en la situación de muchas personas, y es que honestamente no sé por quién vaya a votar, infiero, al igual de la mayoría de gente por quién seguramente no voy a votar, pero ni siquiera eso está completamente resuelto.

Y es que en esta elección ha ocurrido algo que por lo menos el que esto escribe no recordaba que hubiera ocurrido, y es que estamos ante un escenario en el que nadie, pero nadie, puede pretender enarbolar algo de pureza. Yo recuerdo varias elecciones: la del 88 en la que según sus filias uno podía argumentar que Maquío o Cuauhtémoc eran puros; igualmente la del 94 con Diego y nuevamente Cárdenas; la ilusión que creó Fox; el rayito de esperanza que era López Obrador en el 2006 y 2012... pero ahora... después de ver las listas de candidatos plurinominales de los opositores, las ínfulas mesiánicas y después de ver el desempeño del partido oficial... pues honestamente no encuentro que haya la menor razón para ilusionarse. En cuanto a los independientes hay que decir que los que estarán en la boleta son una burla y que más hubiera valido ni abrir esa puerta.

Pero esta semana para mí fue importante ver algo, supuestamente estamos en una época electoral en la que no puede haber propuestas, y ocurrió que los actos más simbólicos de los candidatos que sí compiten me dejaron en claro que no hay en ninguno de los tres equipos la posibilidad de esperar mesura en la solución de problemas, que ninguno tiene la vergüenza suficiente de decir que es muy posible que no resuelvan el problema, pero que por lo menos lo van a atemperar.

Así, mientras Anaya pasaba el día demostrando que es necesario cambiar el modelo económico para dejar de tener empleados – para lo cual tuvo que ir a una tienda americana – dejó en claro que su concepción de gobierno no está dirigida a quienes siguen en condiciones materiales paupérrimas, para aquellos a quienes el mundo digital está a millones de años luz y quienes tienen como preocupación inmediata la economía de subsistencia, no las revoluciones tecnológicas.

Por su parte Meade tuvo como propuesta el crear un registro nacional de necesidades para cada persona, lo cual, pretendiendo hacer muy individualizada la atención del gobierno, se vuelve una franca burla, puesto que si un gobierno no puede resolver la desaparición forzada que realizaron unos policías municipales, pues cómo fregados podemos esperar resuelvan los muy individuales problemas de cada persona.

Finalmente, rematamos con el puntero, el señor López Obrador, quien esta semana convocó – lo cual es bastante fácil – a un constituyente, al que todos, religiosos o no religiosos nos unamos a determinar el rumbo moral que debe regir este país. Pedir ética en el actuar gubernamental no es en absoluto algo malo, pero llamar a refundaciones morales mientras se es arropado por un partido político que es el medio de influencia claro de las iglesias evangélicas – de las cuales López Obrador es miembro – no solo tiene un tufo sino que apesta a una concepción religiosa del ejercicio del poder. Es decir, de aquello que más aterra a los detractores del candidato.

Por ello, esta elección yo espero una sensata medianía de cualquiera de los candidatos. Que alguien entienda que el tamaño que tiene el tema del narcotráfico y la delincuencia rebasa cualquier expectativa de victoria dentro de seis años y con el presupuesto que se tiene, pero si pueden reducirse los niveles de violencia. Que alguien entienda que la corrupción no va a desaparecer porque si, sino que el ejemplo sumado a entramados jurídicos eficientes, lo pueden hacer decrecer. Que la lacerante desigualdad y pobreza no se acabarán con un programa como los miles que se han hecho o con una honradez a toda prueba, pero que sí podrán salir de tan penoso estado un número importante de personas.

Así, se me antoja cada día votar por quien menos ideas grandiosas tenga, y sí votar por alguien que tenga unas cuantas que sea lógico que generarán algo de beneficio.

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