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Jueves, 23 de Mayo 2019
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Con una camioneta en la cabeza

Por: Sergio Oliveira

Con una camioneta en la cabeza

Con una camioneta en la cabeza

Si algo vimos solidificarse como roca en la mente de los consumidores durante 2018 fueron los crossovers o SUV (Vehículos deportivos utilitarios, por sus siglas en inglés). Su presencia ha aumentado de tal manera que podemos decir que esos vehículos son una especie de predadores de la industria. Primero relegaron las miniván a un nicho del mercado. Luego fueron sobre la siguiente víctima, las vagonetas, hoy casi extintas en todo el mundo, sobreviviendo en algo equivalente a una “reserva ecológica” en Europa. Aún sin saciar su apetito, se lanzaron sobre los hatchbacks compactos, que también han visto reducirse su territorio, quedando con cierta fuerza aún en Europa y China. En 2018 los crossovers parecen haber dado el golpe final a su más reciente víctima: los sedanes, que tienen su futuro amenazado principalmente en uno de sus terrenos más dominantes: Norteamérica.

Particularmente cuando vi el fenómeno de las SUV y crossovers -mejor digamos simplemente “camionetas”- multiplicarse a finales de los años 90, pensé que era una moda si no pasajera, al menos con mucho menos fuerza de lo que ha demostrado. Porque la historia había enseñado que los nuevos segmentos se habían comportado de esa manera. Así fue con las miniván; con los monovolúmenes; con los roadsters, entre otros. Pero hay un ingrediente distinto con las camionetas que ningún otro tipo de vehículos -con excepción de las pickups-  tienen: dejan mucho mayor margen de utilidad a las marcas.

El adiós gradual de los sedanes

Por esto cuando Sergio Marchionne (QEPD) decidió sacar de la línea de producción al Dart y el Chrysler 200 hace un par de años, muchos pensaron que era un tema solo de bajas ventas, cuando en realidad a esto se sumaba el más importante asunto de la baja rentabilidad que su producción generaba. FCA (Fiat Chrysler Automóviles) podía usar sus espacios de construcción para fabricar vehículos que dejan más dinero, es decir: camionetas.

No mucho después, en 2017, México entero se enojó con Ford por cancelar la construcción de una planta en San Luis Potosí, donde se fabricaría el Focus. Al contrario de lo que pensaron muchos, la decisión no se dio debido a la presión del entonces recién empoderado Donald Trump, sino porque el mercado para estos autos en Norteamérica había bajado de manera drástica casi de la noche a la mañana.
Más tarde la misma Ford anunció que el Fiesta dejaría de ser producido en México en 2019 y en su lugar vendrá una camioneta eléctrica. También dijo que el Fusion ya no sería fabricado en Hermosillo y en su lugar, ya adivinaron, se producirá otra camioneta. General Motors dejará de construir el Cruze en México y en EUA al igual que ya no fabricará los sedanes Impala; Volt; Buick LaCrosse y los Cadillac CT6 y XTS. Volkswagen va a renovar su Passat norteamericano, pero mantendrá la misma plataforma actual, es decir, no hará fuertes inversiones en el modelo.

Hacer camionetas cuesta lo mismo que hacer un coche, pero se vende más caro. Cualquiera que fuera responsable por la producción de una marca tomaría una decisión similar. Porque sea algo impuesto por las marcas, buscado por el público o ambos, el hecho es que todo mundo ya tiene una camioneta en la cabeza, no un Jetta, como en el pasado.

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