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Sábado, 23 de Febrero 2019

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¿Cómo vivir con menos gasolina?

Por: Juan Palomar

¿Cómo vivir con menos gasolina?

¿Cómo vivir con menos gasolina?

Por supuesto que se puede. La actual coyuntura de escasez de combustible, cualquiera que sea su justificación, es propicia para revisar a fondo los hábitos de consumo de la gasolina y por lo tanto de uso de los vehículos que la utilizan. La inercia de la costumbre propicia en este campo, en numerosas ocasiones, el dispendio irreflexivo que conlleva el uso indiscriminado del coche. Mucho se ha señalado la tendencia de quienes poseen un auto particular a utilizarlo, en muchos casos, para prácticamente todos los desplazamientos.

El alto costo de la gasolina se acepta así, tácitamente, como una condición dada, a asumir sin más, y se incorpora este gasto como algo normal en las rutinas cotidianas. Automáticamente, se acepta también el efecto colateral de la alta contaminación que nuestra ciudad sufre. Las medidas vigentes que llevan a la escasez de combustible son la oportunidad de racionalizar al máximo, por parte de particulares, empresas e instancias oficiales, los traslados y movimientos usuales.

Quizá durante las largas filas que los automovilistas se ven actualmente obligados a realizar para obtener combustible pueda generarse la reflexión: ¿Cuántos viajes al día es posible ahorrar? ¿Qué trayectos se pueden optimizar? ¿Qué otros medios de transporte es posible utilizar? Es decir, hacer virtud de la necesidad.

Así, se podría descubrir, incluso, otro estilo de vida. Transporte público, autos compartidos, bicicleta, marcha a pie cuando no es excesiva. Estos métodos de movilidad conllevan mejores condiciones atmosféricas, de salud, económicas. Cada usuario tiene la oportunidad ahora de realizar un detenido análisis sobre sus hábitos de traslado, y muy probablemente pueda encontrar alternativas para disminuir sensiblemente su uso del auto en favor de opciones más responsables y favorables a toda la comunidad.

Ya se oyen los airados comentarios de muchos afectados por la actual situación. Muchos de ellos serán sin duda justificables, dada la imposibilidad física prevaleciente para ellos de prescindir del coche. Allí está el punto. En avanzar en la exigencia, con resultados, de tener un transporte público adecuado. La demora de la terminación de la Línea 3 del Tren Ligero, por ejemplo, es un caso de punta. Extender el servicio del meritorio sistema Mibici, y propiciar más rutas adecuadas para este medio de locomoción, mejorar la seguridad en todas las vías públicas para fomentar los traslados peatonales, por fin lograr el ordenamiento y el sometimiento al bien público del llamado pulpo camionero…

El asunto es complejo: las afectaciones del desabasto de gasolinas apenas son evaluadas en sus repercusiones sociales y económicas, en sus efectos sobre toda la comunidad. Independientemente de ideologías, hay que insistir, es una oportunidad de racionalizar al máximo el consumo de combustibles, de hacer un análisis que lleve a formas más sostenibles de moverse en la ciudad.

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