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Domingo, 26 de Mayo 2019
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Centros de exterminio y necropolítica en Jalisco

Por: Rubén Martín

Centros de exterminio y necropolítica en Jalisco

Centros de exterminio y necropolítica en Jalisco

Han sido semanas de horror en Jalisco, especialmente en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Como si fueran zombis del 3 de mayo, dos grupos de personas caminaron por las calles tras escaparse de lo que llaman “casas de seguridad”. Una en la Colonia Del Periodista, cerca de la vieja Central Camionera, y otra en la Colonia El Campanario, en Zapopan. En esta finca además se liberó a 12 personas y nueve más en la primera finca.

Tras la liberación de estas personas, la Fiscalía aseguró las fincas y se dieron cuenta de que esas “casas de seguridad” eran al mismo tiempo centros de concentración de desaparecidos y fosas clandestinas.

En la Colonia Del Periodista se encontraron dos cuerpos, y en la Colonia El Campanario, el hallazgo fue mayúsculo. En esa finca se exhumaron 30 cuerpos, lo que la convierte en una de las fosas clandestinas más grandes en Jalisco, sólo debajo de la fosa clandestina de La Barca en 2013, con 74 restos humanos.

En las fosas clandestinas excavadas en la Zona Metropolitana de Guadalajara se encontraron 35 cuerpos en total. El dato da cuenta no sólo de la magnitud del fenómeno, sino al mismo tiempo del contexto y de tendencias que están ocurriendo en los modos y formas de la violencia organizada.

El volumen de enterramientos nos dice que esa finca era algo más que una “casa de seguridad” para protección de sicarios. Esas casas se sirven, al mismo tiempo, de cuarteles de los grupos que provocan la violencia organizada, los que deciden las desapariciones masivas y los enterramiento masivos. Se trata de verdaderos centros de exterminio que pasan a formar parte de una industrialización de la muerte necesaria para las empresas dedicadas a los grandes negocios del capitalismo ilegal.

Eso no da cuenta de las distintas áreas que requiere una empresa como el narcotráfico: producción, distribución de la droga, y al mismo tiempo compra de armamentos, entrenamiento de sicarios y áreas dedicadas exclusivamente al asesinato de enemigos o inocentes, pero cuyas muertes sirven al mismo tiempo como propósito de exhibición del poder de matar, del poder de decidir sobre la vida y la muerte de los otros. No es sólo el poder de matar y asesinar, sino las muertes que sirven a cadenas económica y dinámicas de acumulación de capital, así sean ilegales. Es lo que Mbembe llama la necropolítica.

La existencia de estos centros de exterminio parece mostrar una confianza de los perpetradores. Se puede desaparecer, asesinar y enterrar clandestinamente un cuerpo en zonas céntricas, lo que da idea de una economía de esfuerzos en una cadena de industrialización de la muerte. Se desaparece, se asesina y se entierra masivamente en lugares y modos que ya no parecen ser tan clandestinos.

Esa economía de esfuerzos en las cadenas de la muerte se explica por la actuación abierta e impune de estos grupos y esto tiene que ver con la ineficacia y complicidad de la autoridad. Las desapariciones no se persiguen en Jalisco, los asesinatos apenas se investigan. Y no pocas veces quienes cometen estos delitos son los mismos encargados de procurar la justicia.

Las cadenas de impunidad, la protección política para los grandes negocios del tráfico de drogas, armas y personas nos tiene sumidos en este horror de desapariciones y centros de exterminio. Son todas señales de alerta de que no sólo seguimos en guerra, sino que estamos en una fase de ascenso de la misma. Necesitamos ponerle un alto desde abajo. 

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