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Domingo, 21 de Octubre 2018

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Buscar a un ser querido y toparse con esto

Por: Ivabelle Arroyo

Buscar a un ser querido y toparse con esto

Buscar a un ser querido y toparse con esto

Creí que no había mucho que añadir al horror del tráiler que sirvió de depósito para cuerpos no identificados o no reclamados. Y sin embargo, sí que hay. Al escenario de violencia criminal que genera tantos muertos y al perturbador pasmo de nuestras instituciones para funcionar como bisagra entre las víctimas vivas y las víctimas asesinadas, se añaden la burocracia y la indolencia.

En redes circula una historia que vale la pena leer completa. Es el testimonio, breve y contundente, de un hombre llamado Alejandro Puerto en Twitter. Comienza así:

“Después de 8 horas de espera, estoy saliendo del Servicio Médico Forense de Jalisco. Acudí con la esperanza de encontrar a mi sobrino entre los cuerpos que estaban amontonados en las cajas de tráiler que se volvieron tan famosas. Esto fue lo que viví al lado de decenas de madres”.

Cómo no quedarse ahí, a leer lo que Alejandro tiene que decir. Ya sabemos que la burocracia es el cáncer de las instituciones y el flagelo de los derechos ciudadanos, pero constatarlo vuelve a dar rabia.

Alejandro cuenta, en menos de 10 tuits, que la búsqueda se hace con prestadoras de servicio social, no con personal forense, y que se hace con carpetas. Sí, con carpetas (folders) y expedientes de papel que tienen las fichas de control en un solo ejemplar. No se pueden hacer búsquedas simultáneas.

Las servidoras sociales, por lo menos, tienen buena actitud, cuenta Alejandro, pero de qué sirve si hay cientos de personas esperando horas en la fila mientras ellas atienden de dos en dos y toman las carpetas de una pila de papeles colocada sobre una silla. Y claro, se las turnan, no hay copia, no hay base de datos, no hay archivo digital. Alejandro estuvo ocho horas, su ficha era la 55 y detrás de él ya había 30 números más sin que se detuviera el flujo de llegada.

“Lo que más dolió de todo lo que experimentamos hoy en el IJCF, fue darnos cuenta de lo mucho que la gente está dispuesta a soportar un trato indigno e inhumano con tal de encontrar a sus familiares. Cierro con esto, esperando que nos ayude dimensionar el tamaño del problema”, escribe Alejandro.

La conclusión que se desprende del relato de este ciudadano no es que hay ineficiencia, no es que el Gobierno está fallando, no es que las instituciones están rebasadas. No. La conclusión dolorosa es (y él la escribe más adelante), que si las posibilidades de encontrar a un ser querido parecían pocas en la caótica y maldita dimensión criminal, en realidad son menos en la también criminal indolencia burocrática de las instituciones.

Los muertos no los ponen nuestros gobiernos. Pero esto, esto sí. ¿Es muy difícil, de verdad, tener protocolos y espacios dignos para la conservación de nuestros muertos? ¿Es muy difícil, de verdad, poner a alguien a meter los datos en una base digital consultable? No. No lo es. Hay que detener la violencia, sí. Pero mientras, hay que detener la indolencia.

Ivabelle Arroyo

(ivabelle@gmail.com / @ivabelle_a)

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