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Viernes, 17 de Agosto 2018
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Bansefi y el sismo, descontrol en tarjetas

Por: Salvador Camarena

Bansefi y el sismo, descontrol en tarjetas

Bansefi y el sismo, descontrol en tarjetas

El Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi) está a punto de pasar un trago amargo por la forma en que manejó los fondos para los damnificados del sismo del 7 de septiembre, movimiento telúrico que afectó a miles de familias en Chiapas y Oaxaca.

Se puede decir que los afectados por ese terremoto han sufrido por partida triple. Primero, obvio, por el sismo de ese día. Segundo, porque al sobrevenir doce días después otro terremoto, este en el Centro del país, la atención a las víctimas de Chiapas y Oaxaca pasó a un segundo plano, y tercero, por el caótico manejo que Bansefi tuvo con las tarjetas en las que se depositarían los fondos para los damnificados: como se publicó en enero de este año, ese banco, presidido por Virgilio Andrade, emitió tres mil tarjetas de más, y en ellas depositó indebidamente 68.8 millones de pesos, mientras al mismo tiempo dejaba sin apoyos a múltiples víctimas.

El caso, como se sabe, fue investigado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), que en el oficio 122.111.12 (001597”2017” [6 ] fechado en diciembre del año pasado hizo una serie de graves observaciones a Bansefi; sin embargo, la instancia reguladora estaba pendiente de dar su veredicto, que tomaría en cuenta la versión que en su defensa adujera Bansefi.

Ahora se sabe, de manera extraoficial, que la CNBV ha concluido la valoración de las pruebas aportadas por Bansefi, y que tras ello el regulador bancario ha encontrado que Virgilio Andrade puede enfrentar observaciones y sanciones por fallas en los mecanismos de control al emitir las tarjetas, y porque se comprobó que hubo daño patrimonial en el manejo de la ayuda que iba a ser destinada a los damnificados. Bansefi, según fuentes consultadas, ya fue notificado al respecto.

Cabe recordar que Bansefi estuvo en el ojo del huracán debido a que, inopinadamente, decidió utilizar una tecnología obsoleta en términos de seguridad a la hora de emitir las tarjetas en las que se depositarían los fondos a los damnificados.

Contra diversas advertencias de instancias como el Banco de México sobre la vulnerabilidad de las tarjetas de banda magnética, Andrade decidió que las tarjetas que se darían a los damnificados tendrían esa tecnología, y no la de chip, que es prácticamente inviolable.

La gente de Bansefi ha argumentado que recurrir a la tecnología de banda magnética garantizaba la pronta entrega de los plásticos, pero conocedores del mercado de tarjetas han comentado en privado que tal argumento es falaz, pues en el mercado mexicano diversos proveedores tienen capacidad de surtir miles de tarjetas de chip en similares plazos que las de banda magnética.

Al final, fue precisamente la denuncia ciudadana de que 249 tarjetas habían sido hackeadas, provocando un desfalco por más de dos millones de pesos, lo que motivó tanto la polémica mediática sobre la capacidad de Bansefi para llevar a cabo un tema tan sensible como la investigación de la CNBV.

La sanción a Bansefi, que seguramente algunos considerarán mínima o insuficiente, no quitará de la mesa el tema central de la polémica.

Cómo pudo ser que ese banco, que tiene experiencia en la dispersión de recursos para grupos vulnerables, haya tenido tal desaseo y descontrol en un asunto tan delicado como la ayuda a damnificados.

Eso sin mencionar que independientemente de la sanción que imponga la CNBV, Bansefi nunca ha aclarado a la opinión pública cómo y cuándo destruyeron las miles de tarjetas extras que mandaron a hacer, mismas que fondeadas con 68.8 millones de pesos estuvieron dispersas en diversas oficinas de ese banco en varios estados del país. Tampoco ha explicado, con documentos o algo más que su dicho, cómo y cuándo restituyeron al banco los fondos que indebidamente pusieron en tarjetas que eran, por su anquilosada tecnología, prácticamente un cheque en blanco.

En pocas palabras, cómo pudieron poner tanto en riesgo en una materia tan delicada. De eso no hablará la CNBV, ojalá sí lo haga por una vez Virgilio Andrade.

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