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Lunes, 24 de Septiembre 2018

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Austeridad más allá de la moda

Por: Diego Petersen

Austeridad más allá de la moda

Austeridad más allá de la moda

La austeridad está de moda. Qué bueno. Es mucho mejor que lo que esté de moda sea la austeridad y no el dispendio, como venía siendo la práctica en el ejercicio del Gobierno, pero en la absurda competencia por ver quién es más austero esto se ha convertido en una batalla de ocurrencias, una más necia que otra, pero todas sin una idea sistemática de cuál es el objetivo final.

¿Para qué quieren los políticos la austeridad? La pregunta parece tonta y necia, pero no lo es tanto. Quieren austeridad para dar un mejor uso a los recursos públicos; para ganarse a los electores, para quedar bien con el Presidente electo, para vengarse de los enemigos políticos, o simplemente para ver si se ganan una primera plana. En las propuestas que han surgido del primero de julio a la fecha hay todo tipo de intenciones y por lo mismo todo tipo de propuestas, algunas descabelladas, otras fuera de lugar.

La austeridad republicana que propone López Obrador no puede reducirse a una serie de ocurrencias de los diputados; tiene que ser una política pública seria, consistente y de acercamientos sucesivos. El poder legislativo, por ejemplo, quiere imponerle a la Corte un plan de austeridad mayor al propuesto por los propios ministros. Les pareció poco los 800 millones de reducción que propusieron, pero nadie dice por qué. Las discusiones se han centrado en tonterías como si debe haber colación para los diputados en sesiones de más de ocho horas o si cada uno debe llevar su tupper. Están literalmente cuidando los centavos, que no digo que no haya que cuidarlos, pero nadie se está metiendo a ver los pesos.

La ineficiencia gubernamental es el peor de los dispendios y es ahí donde debería ponerse la lupa. La mala calidad de los servicios públicos es el impuesto escondido

La ineficiencia gubernamental es el peor de los dispendios y es ahí donde debería ponerse la lupa. La mala calidad de los servicios públicos es el impuesto escondido. Nadie tendría inconveniente, por ejemplo, en pagar la comida a un médico si eso va a significar que atienda a cinco pacientes más. ¿Cuánto nos cuesta a la sociedad una mala atención en el IMSS, la falta de un servicio eficiente de agua o luz, la incapacidad de los cuerpos policiacos para brindar seguridad, la tardanza de un trámite para abrir un negocio o hacer una construcción, por no hablar de las ocurrencias de los diputados que hacen leyes o reglamentos siguiendo la moda política sin evaluar jamás el efecto económico que tienen éstas en los ciudadanos?

La austeridad no puede ser una moda “pejista”. Más que grandes y aparatosos cambios hay que hacer pequeñas transformaciones de fondo. Una muy sencilla, por poner algo sobre la mesa, y que se implementó ya en otros países: una política unificada de viáticos. En el Gobierno estadounidense los viáticos son los mismos para todos y sin importar el nivel del viajero o a dónde vaya, pero sobre todo no están sujetos a comprobación. Si los viáticos establecidos son, por poner una cifra, 100 dólares al día, es igual para el trabajador de Pemex, que para el diputado, el subsecretario o un mecánico. Pero lo más importante es que una vez autorizados los viáticos no están sujetos a comprobación. Si gastó de más, es su problema; si gastó de menos, bien por él. La política es transparente, única y eficiente.

Cosas como estas son las que al final de cuentas permiten un Gobierno que gaste menos, pero sobre todo mejor.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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