Viernes, 21 de Febrero 2020
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Andanzas de la clara Ciudad

Por: Ismael del Toro, alcalde de Guadalajara

Andanzas de la clara Ciudad

Andanzas de la clara Ciudad

¡Guadalajara, bien mío!
La mamá del tapatío […]
La de portales famosos,
la de jarros olorosos
donde el agua se destila.
¡La del divino tequila!
La del pueblo valiente,
la del afamado puente,
de bellas emporio y gala…
¡La del Lago de Chapala!
(Coplas populares).

Somos una ciudad que debe estar orgullosa de su presente y pasado. Como nadie, sé los problemas que vivimos, pero también sé que vivir en Guadalajara es habitar una urbe comunicada con el mundo, innovadora, dinámica y en constante transformación. Somos producto de nuestra historia, lo que ahora somos, no se forjó en un día. Lo cierto es que tenemos numerosos motivos para celebrarla.

La fundación de toda gran ciudad implica una gran búsqueda, como fue el caso de Guadalajara. El sitio adecuado para su establecimiento definitivo no fue fácil de encontrar. Para aquel momento ya se tenía experiencia por lo que fue necesario pecar de precavidos y buscar con lupa el lugar. Así, en el Valle de Atemajac se encontró la mejor opción en la que se asentaron cerca de 61 familias, alrededor de 200 personas procedentes de diversas provincias de España.

No podemos decir que las características del espacio fueran las mejores, la jal y el barro eran los únicos recursos, no había oro, plata ni tierras fértiles, pero sí gente talentosa y emprendedora. El panorama no detuvo el progreso y se hizo del comercio una forma de vida. Algunos años después había “¡casi una tienda por cada veintidós habitantes españoles!”, según refiere el doctor Arturo Chávez. Además, se hizo del barro y de la piedra volcánica una importante industria que hasta la fecha continúa presente en nuestra región.

Mucho se hablará en estas fechas sobre los datos más relevantes de su fundación, los personajes que en aquel momento participaron, las andanzas de esta clara Ciudad como la llamaba Agustín Yáñez. Sin embargo, quiero acentuar la transformación que hemos vivido a lo largo de 478 años, porque Guadalajara es hoy por hoy una de las mejores ciudades para vivir, invertir y visitar, no solo lo digo yo, lo dicen sus habitantes, sus hijos ausentes y cualquier persona que haya pisado esta ciudad.

En Guadalajara hemos sabido conservar nuestras tradiciones y costumbres que desde hace casi medio siglo adoptamos, pero también nos hemos convertido en la capital de la innovación y de la creatividad. Hemos pasado de la ciudad aislada y provinciana, a una urbe internacional, cosmopolita, en la que tienen lugar festivales, exposiciones y convenciones que reúnen a personas de todo el mundo. Sin duda, nuestra ciudad y quienes la habitamos tenemos el talento necesario para competir internacionalmente con quien sea.

Hoy, mientras a nivel nacional la inversión privada está parada, en Guadalajara tenemos repuntes históricos en inversión nacional y extranjera. Mientras a nivel nacional se pierden empleos, en Guadalajara se generan cada vez más. Mientras a nivel nacional se inhibe el desarrollo de la iniciativa privada, aquí hacemos equipo para que, con su inversión, la ciudad prospere.

Nuestra historia nos da la razón, somos una ciudad que a pesar de las incertidumbres que presentan las adversidades, salimos adelante, somos resilientes, tomamos lo que tenemos para, entre todos, generar bienestar y prosperidad. Siempre trabajando en función de lograr una ciudad segura, justa y humana, en la que se derriben los muros de la desigualdad y que esté hecha por y para las personas.

Les pido a las y los tapatíos que piensen un poco en la Guadalajara que quieren para sus hijos o nietos. Yo les comparto la mía: una ciudad líder en espacios públicos en el país. Una ciudad que se estructure a través del transporte público. Una urbe en donde puedas salir de noche sin temor o en donde los dueños de un negocio sepan que nunca van a ser extorsionados. A las y los tapatíos les digo que sé a dónde debemos dirigirnos y que estamos avanzando.

Faltan solo 22 años para cumplir medio milenio y debemos pensar en la Guadalajara que queremos. Tenemos un año clave por delante, con muchos retos, pero también con muchas ilusiones; un año lleno de trabajo por realizar y seguir con la visión de caminar la ruta para lograr la ciudad tranquila y ordenada que nos merecemos las y los tapatíos. Guadalajara tiene grandeza de espíritu y eso me llena de orgullo. Celebremos los 478 años de nuestra ciudad.

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