Miércoles, 19 de Febrero 2020
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Alfaro ante el principio de realidad

Por: Diego Petersen

Alfaro ante el principio de realidad

Alfaro ante el principio de realidad

El gobernador Enrique Alfaro está entrando en ese momento crítico del ejercicio del poder en el que las cosas no son como las imaginó, la novedad se convirtió en rutina y la realidad se presenta inmutable ante los deseos y esfuerzos del gobernante. Es un punto de confrontación con la realidad que más temprano que tarde le llega a todos los que ejercen el poder, el momento en el que comienzan a dudar de todo y de todos, en el que cuesta trabajo entender qué es lo que no funciona y por qué los enormes esfuerzos y sacrificios que implica el ejercicio del poder no dan los resultados esperados.

Uno de los comportamientos más recurrentes es buscar fuera de Palacio a los responsables del freno que impide su voluntad de cambio. Los medios de comunicación, los opositores, los que vienen de otros estados a generar violencia acá, los traidores, etcétera, suelen ser los señalados. Lo hemos oído muchas veces en diferentes versiones, pero el guion es esencialmente el mismo. Un exgobernador me dijo que si de algo se arrepentía era de no haber convocado antes a sus antecesores (él tardó casi dos años), pues de haber escuchado antes a quienes ya se habían enfrentado al peso de la silla de gobierno y sufrido el mismo síndrome se habría ahorrado -y nos las habría ahorrado a los gobernados- muchas malas decisiones.

El discurso del gobernador Enrique Alfaro frente a los hoteleros la semana pasada acusa claramente una de las confusiones características de esta etapa del ejercicio del poder: creer que las críticas a los funcionarios son críticas al estado, que estar en desacuerdo con el gobierno es estar en contra de la ciudad, perder la dimensión de dónde termina el gobernante y dónde comienzan las instituciones, leer cualquier señalamiento al gobierno en turno como ataque personal. Aunque a ninguno de los dos les va a gustar la comparación (lo odioso de las comparaciones son los resultados), el estilo personal de Alfaro se parece cada vez más al de Ramírez Acuña cuando era gobernador, quien también pensaba que ejercer el poder implicaba el sometimiento de las voces discordantes a partir de mostrar un carácter personal fuerte y confrontativo. Imposible no recordar aquel artículo de María Marván titulado “El Estado soy yo” en que describía los rasgos autoritarios en la forma de ejercer el poder del entonces gobernador Ramírez Acuña, un artículo por cierto muy celebrado por muchos de los que hoy están en el gobierno alfarista.

El principio de realidad llega tarde o temprano y ello implica, entre otras cosas, renunciar a cambiar el mundo para concentrarse solo en gobernar, entender que la historia de los héroes transformadores tiene más que ver con el momento que con la voluntad de cambio de un gobernante, que para las grandes transformaciones es muy importante la voluntad de poder pero que éstas las hacen los ciudadanos. Los políticos, los grandes políticos, son los que saben leer el entorno y entienden que su papel es facilitar, acompañar y, en los momentos clave, liderar a una sociedad. 

(diego.petersen@informador.com.mx)

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