Jueves, 16 de Septiembre 2021

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Aire fresco

Por: Jaime García Elías

Aire fresco

Aire fresco

Cuestión de gustos aparte, es probable que desde la segunda mitad del Siglo XX no se haya escrito nada que merezca ser incluido en el rubro de la genéricamente llamada “buena música”...

Samuel Barber falleció en 1981, pero el Adagio para Cuerdas al que debe la inmortalidad data de 1938. Ignacy Jan Paderewski, célebre como músico por el Minuetto para piano que modestamente atribuía a Mozart, murió en 1941. Sergei Rachmaninoff, cuyos conciertos para Piano números 2 y 3 sobrevivirán por los siglos de los siglos, falleció en 1943.

La música, como el resto de las artes, evolucionó. Cambiaron los tiempos. Cambiaron los gustos. Las modas trajeron y llevaron otras ideas -algunas felices, otras deplorables-, muchas de las cuales quedaron en el olvido.

Si la música experimentó un estancamiento y hasta un retroceso, sus intérpretes, por fortuna, se han renovado. Enrico Caruso, María Callas y muchos cantantes más cumplieron sus ciclos vitales, pero dejaron muchas y excelentes grabaciones. Wilhelm Furtwangler, Arturo Toscanini o Leopoldo Stokowski entre los directores, como Jascha Heifetz o Arturo Rubinstein entre los solistas, por lo consiguiente. Entre las nuevas generaciones hay talentos extraordinarios que hoy los remplazan dignamente en las salas de conciertos, y mañana se les sumarán como leyendas.

En América Latina hay esfuerzos encomiables, como el de José Antonio Abreu al echar a andar el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles en Venezuela, cuyos frutos -con Gustavo Dudamel como emblema vivente- brillan por todo el mundo. En Europa hay orquestas como la Gustav Mahler Jugend Orchester, la NDR Elb Philarmonie Orchester, la European Union Youth Orchestra, la Polish Youth Symphony Orchestra, la Gimnazija Krankj Symphony Orchestra, las Sinfónicas de las Escuelas de Música Stanislaw Moniuszko y Karol Szymanowski o la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, entre otras.

De todas ellas hay versiones en YouTube, excelentes por su calidad y -lo mejor, quizá- refrescantes por tratarse de ensambles integrados por muchachas y muchachos que fluctúan entre los 20 y los 30 años, dirigidos muchas veces por jóvenes de su edad, pruebas fehacientes de que aun en tiempos que parecen poco propicios para el florecimiento de las artes, en este convulso y polvoriento planeta se sigue haciendo buena música... aunque de casi un siglo a la fecha no se haya escrito nada -salvo prueba en contrario- destinado a perdurar en el gusto de las futuras generaciones.

(fin).

jagelias@gmail.com

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