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Viernes, 14 de Diciembre 2018

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Adiós a la ETA

Por: Carlos María Enrigue

Adiós a la ETA

Adiós a la ETA

El día de ayer formalmente se anunció la disolución de todas las estructuras que formaban parte del grupo terrorista Euskadi Ta Askatasuna (patria vasca y libertad) fundado en el año de 1959. Esta disolución trae 59 años después la posibilidad de paz y tranquilidad a una región europea acostumbrada a vivir bajo la sombra del terror.

Cabe decirlo, la ETA nunca fue un grupo terrorista a niveles de la OLP, Boko Haram, Hamás u otros cuyos ataques solían y suelen darse buscando siempre un máximo de muertes indiscriminadas. Normalmente – y en particular en los últimos años quizá por su propia debilidad – se plantaba una bomba y se daba aviso a las autoridades, para así refrendar sus posibilidades de, de así desearlo, causar muertes.

Sin embargo, presentar a los etarras como unos meros pichones es igual de equivocado, pues desde su paso a la lucha armada en el año de 1968 han asesinado a 829 personas, de las cuales 486 eran o militares o policías y 343 eran civiles. Eso sin contar a los innumerables heridos o dañados en su patrimonio por sus acciones o por la extorsión que empleaban con empresarios vascos y navarros.

La realidad de las cosas es que ETA – si es que acaso lo tuvo – perdió el sentido de ser con la transición democrática española.

La represión franquista pudiera ser un argumento para el surgimiento del grupo, pues hubo ensañamiento contra vascos, catalanes y otros grupos durante el tiempo en que el generalísimo estuvo en el poder. Pero, acabándose el poder militar que inhibía injustificadamente derechos naturales a los vascos ya no había por qué pelear.

A quienes presentaba como enemigos, al estado español y en menor medida al francés, no les interesaba mayormente imponer a Euskadi un régimen de persecución y privación de libertades, sino sumarlo junto con otras regiones a un crecimiento colectivo.

Por eso es que se fue resquebrajando su sostén. La gente dejó de sentirse perseguida, dejó de sentirse oprimida y en cambio comenzó a sentirse amenazada por sus libertadores. Estos libertadores que lo mismo eran insurgentes que narcotraficantes o extorsionadores fueron perdiendo el toque popular, fueron alejándose del pueblo al que decían representar y así, fueron dejando de ser una alternativa al anhelo – justificado o no – de libertad para el pueblo vasco.

Los años dos mil han sido un ir y venir de negociaciones; de treguas y reinicio de hostilidades. Una ETA cada vez más débil fue encontrando cada vez menos caminos para sostenerse, máxime que los órganos de seguridad del estado fueron dejando en el pasado las entonces recurrentes prácticas de tortura y guerra sucia que alimentaba las bases del grupo terrorista.

Hoy, se puede decir con un margen razonable de optimismo, que la paz ha vuelto a Euskal Herria, y que fue una paz lograda más en razones que en represión pura y por ello existen mayores probabilidades de que sea una paz duradera.

En uno de los conflictos más longevos de Europa, y viendo los buenos resultados que ha traído la disolución del grupo terrorista más parecido a ETA que lo era el IRA, la noticia de ayer es una noticia que nos debe causar gusto a quienes gozamos de la paz.

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