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Martes, 20 de Noviembre 2018

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AMLO, parecía demasiado bueno

Por: Carlos María Enrigue

AMLO, parecía demasiado bueno

AMLO, parecía demasiado bueno

En la semana siguiente a la elección escribí un artículo titulado “Una sorpresa los anuncios económicos de López Obrador” en el cual me congratulaba de que, habiendo ganado la elección, el presidente electo aparentemente había escuchado las voces de sus asesores que parecen más sensatos – Urzúa y Esquivel – y ajustaba los planes económicos a las realidades. Ahí, listé una serie de compromisos que parecía hacer en cuanto a las finanzas, entre los que se encontraba la continuación de las obras en el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Ahora bien, el alegato sobre el aeropuerto debe apuntarse que tiene – en la discusión que se ha venido sosteniendo – un carácter mucho más político que técnico; así, las vagas afirmaciones sobre patos, o las referencias a que Macron haya validado un proyecto – lo que fue desmentido – salen sobrando.

El pleito aquí era sencillo, era López Obrador buscando dar un golpe de autoridad sobre el poder económico. Esto, aplaudido por muchos, a mi juicio se cayó en el momento en que le pusieron en la mesa de la rueda de presa una silla a Riobóo de forma inexplicable. Que significa, no que el poder político no esté supeditado al poder económico, sino simplemente que el poder político ha cambiado de dueños y ciertamente, no se trata de ciudadanos de a pie.

El cómo se hizo resulta igualmente preocupante, puesto que se disfrazó de voluntad popular una determinación que ya estaba tomada, y la mañosa consulta, por mucho que se denuncie como farsa, sirvió para los objetivos trazados.

Lo de Santa Lucía no tiene por donde defenderse, es abiertamente una ocurrencia. En entrevista con Risco, el futuro secretario de Comunicaciones, Jiménez Espriú – que fichita de muchacho – dejó en claro que no tiene idea de nada; no sabe si se logrará la manifestación de impacto ambiental, no sabe si se logrará construir en tres años la segunda pista, no sabe nada. Pero no era importante ni que supiera, ni que Santa Lucía fuera una opción real, lo importante era descarrilar un proyecto que venía cocinándose desde las presidencias de Fox, Calderón y principalmente de Peña. ¿había corrupción en los contratos? No lo sé, posiblemente sí, pero ciertamente no se combatirá la corrupción “dando el mismo volumen de obra” a quienes incurrieron en la corrupción que se denunció.

Así, la caída del peso y de la bolsa no castiga propiamente la cancelación de una obra específica, castiga la torpe intención de dar una lección a los mercados de forma tan tonta. Al final de este sexenio no habrá ni segunda pista en Santa Lucía y el aeropuerto de Toluca no desfogará mayormente el tráfico capitalino por las limitaciones que la altura de dicha ciudad le suponen. ¿Qué tendrá entonces la capital? una remozada al ya existente Benito Juárez, pero con contratistas afines al régimen.

Espere usted esta conducta a lo largo del sexenio que se nos viene. Ante cualquier mala idea, se someterá a “consulta” que siempre será a favor de lo que pretenda promover el gobierno; si es una burla la consulta dará igual, pues lo que necesitan es una justificación para lavarse las manos, no que la justificación sea seria.

La gran pregunta es si se le hace o no el caldo gordo al gobierno participando en dichas consultas, pues el acudir a votar valida la farsa pero, como se dijo, no les molesta mucho que todos sepamos que no sean reales y quizá solo hace falta una serie de votaciones mayoritarias en contra para que se la piensen dos veces. No lo sé, cualquier opción tiene muchos puntos negativos.

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