Lunes, 27 de Enero 2020
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AMLO Superstar

Por: Pablo Latapí

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¿Qué puede hacer Andrés Manuel López como Presidente? Muy sencillo: ¡Lo que se le pegue la gana! ¿Dónde se acuesta en la selva un gorila que pesa más de 500 kilos? Donde quiere, porque con ese peso nadie se va a atrever a molestarle o meterse con él.

Y es que los números de popularidad que acompañan a López Obrador son impresionantes. La encuesta sobre aprobación a su gestión que elaboró el diario El Financiero para cerrar el 2019 arroja que el 72 por ciento de los mexicanos están de acuerdo con la forma en que ha gobernado.

Esa cifra es muy superior al número de mexicanos que en las urnas en el 2018 lo llevaron a la Presidencia. En aquella ocasión obtuvo el 53 por ciento de los votos contabilizados, que restándole la cifra de abstencionismo que fue de 37 por ciento nos habla de que 33 por ciento de votantes fueron explícita y voluntariosamente a votar para que el tabasqueño ganara la elección. Uno de cada tres.

Sin embargo, la aprobación para el cierre del año pasado multiplica ese porcentaje de votantes por dos y le agrega otro tanto. Y es que hoy sólo 28 por ciento de los mexicanos no lo aprueban.

Y es entonces cuando nos damos cuenta que con ese porcentaje de aprobación conseguido gracias a su discurso mañanero donde siguen predominando las promesas y las buenas intenciones, aunado al comportamiento de la inflación, el precio de las gasolinas y del dólar, le permiten hacer lo que quiera.

Y obviamente se le perdona, de entrada, cualquier patinón o contradicción que para algún gobierno anterior hubiese sido justificación para el linchamiento público del gobernante en turno.

No esperemos pues que le haga mella que mientras él pregona un mensaje de austeridad franciscana y obliga a todo el sector gobierno a prescindir de seguros de gastos médicos para obligadamente acudir al ISSTE, al Seguro Social o al Instituto de Salud para el Bienestar, su primer nieto, hijo de su primogénito, nazca en un hospital de Houston, en Texas, acompañado de una factura de película.

Tampoco se le va a cuestionar el fracaso que significó su fantasía de vender (y bien vendido) el avión presidencial, que finalmente tuvo que ser regresado a nuestro país con un futuro incierto mientras el Presidente, al estilo de la lechera, ya hacía cuentas con el dinero que iba a recibir y en su imaginario lo había repartido ya para distintas causas de apoyo popular.

Y mucho menos le va a decir algo por aparecer en un video, en medio del frío del amanecer en Sonora, arropado con un abrigo de marca cara.
Todo se le perdona.

El gorila de 500 kilos se acuesta donde se le antoje, y un presidente con 72 por ciento de aprobación hace lo que le venga en gana. Así de sencillo.

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