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Martes, 13 de Noviembre 2018

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A propósito de la FIL

Por: María Belén Sánchez

A propósito de la FIL

A propósito de la FIL

Una de tantas fiestas hermosas en nuestra bella ciudad.

Allí, durante estos días se reúne toda la población tapatía y sus visitantes para convivir con los libros y la lectura.

Libros y lectores asisten puntualmente a la cita, porque saben que la lectura es la plataforma para el éxito personal y social en cada grupo humano.

Hoy, en el vertiginoso avanzar del siglo XXI, envueltos en una tecnología abrumante, no alcanzamos tal vez a vislumbrar el impacto de la palabra, escrita específicamente en papel, sea en diarios, revistas o libros, aunque también hay que señalar que muchas revistas al irse por lo gráfico de la imagen, a veces se alejan del camino.

Y hoy, ante este evento tan particular, vuelvo a afirmar lo que ya en una ocasión leí y adopté:

“El mundo del futuro, en los siglos venideros, será de aquellos que sepan leer...”

Pero que sepan leer verdaderamente, porque no es nada nuevo aquello de que: “no basta decodificar los signos impresos…” hay mucho más de fondo para decir que sabemos leer.

Es verdaderamente alarmante ver cómo los niños, antes de pronunciar palabras, y aún antes de conocer

los secretos de las letras, ya son expertos en las tecnologías modernas y a la larga se ven atrapados tan fuertemente, que son expertos, pero no logran ir más allá.

Es como si alguien se habituara a vivir en el techo, porque desde allí contempla la inmensidad, pero no sabe del calor y del ambiente delicioso que hay en las habitaciones de su casa.

Y no es que sea malo, saber y progresar en nuevos avances científicos y tecnológicos, es que los pequeños no siempre tienen una guía para usarlas adecuadamente, o para escapar de la influencia adictiva de estos medios…

Y no son solamente los niños, también los adultos estamos propensos a caer en las trampas de los aparatos modernos y alejarnos de la sabiduría milenaria de la letra que se ha encargado de trasmitirnos la cultura milenaria de generaciones y civilizaciones que nos precedieron.

En fin, si en esta ocasión, a mí no me invitaron a la FIL, seguiré leyendo y escribiendo, alimentándome de letras y más letras… hasta que, como la oruga, a fuerza de comerse las hojas de la morera, logró aprender a volar…

Así pues la FIL es nuestro escalón para seguir ascendiendo en estos andares de la lectura y el aprendizaje de nuestro idioma, de nuestra trayectoria cultural y del progreso que queremos proyectar para dejar como herencia a las generaciones futuras.

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