Jueves, 21 de Enero 2021

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A dos años de la 4T y la Refundación

Por: Diego Petersen

A dos años de la 4T y la Refundación

A dos años de la 4T y la Refundación

Esta semana se cumplen dos años de la llagada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia y de Enrique Alfaro a la gubernatura de Jalisco. El primero planteó, sin ningún recato, que con su llegada comenzaba la Cuarta Transformación del país, luego de la Independencia, la Reforma y la Revolución. El segundo se propuso refundar a Jalisco, aunque nunca fue capaz de explicarnos bien a bien qué significaba eso ni por qué era necesario refundar un Estado. Ambos personajes, López Obrador y Alfaro, hoy enfrentados y enojados el uno con el otro, comparten muchos rasgos de personalidad y visión política. Se parecen mucho más de lo que creen, aunque sé que a ninguno de los dos le gustará la comparación.

La autodenominada Cuarta Transformación pretende ser una especie de revolución silenciosa, un cambio del tamaño de una revolución sin disparar un solo tiro, porque eso de pacífica está por verse.

Las revoluciones implican un cambio radical en el grupo en el poder y la manera de ejercerlo. A dos años, la revolución de López Obrador es mucho más de forma que de fondo. No hay un cambio en las élites económicas ni políticas, lo que hemos visto en estos dos años es un simple reacomodo de las mismas élites siempre dispuestas a adaptarse al discurso en turno. Los empresarios que tienen contacto y están cerca del presidente son los mismos que vienen desde el salinismo. Igual sucede con la clase política: son tránsfugas de otros partidos y sexenios. Los mismos que son señalados de haber destruido a este país tienen ahora a su cargo las principales carteras. Hay un cambio radical en el discurso, pero prácticamente ninguno en la estructura.

Ambos personajes, López Obrador y Alfaro, hoy enfrentados y enojados el uno con el otro, comparten muchos rasgos de personalidad y visión política. 

Decir que la Refundación es un fracaso como proyecto político es injusto, porque en realidad nunca nació. La Refundación es un proyecto no nato, nunca fue algo más que un discurso en el que no creían ni los colaboradores más cercanos del gobernador y a lo más que llegó fue a convertirse en una calcomanía en las en los trascabos y tractores del programa A toda Máquina y una comisión en el Congreso del Estado. Conforme fueron pasando los meses, la Refundación quedó reducida a una pretendida nueva Constitución para el Estado, de la cual por cierto nadie ha vuelto a hablar desde hace meses. Al igual que en el gobierno federal, los alfaristas terminaron rodeados por los mismos personajes que crecieron en el sistema de partidos que tanto criticaron.

A dos años de la Refundación y de la Cuarta Transformación podemos decir que ambas comparten tres cosas: la grandilocuencia del discurso, el tono confrontativo y la escasez de resultados. Nada más.

diego.petersen@informador.com.mx

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