Domingo, 19 de Enero 2020
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* Tena

Por: Jaime García Elías

* Tena

* Tena

Falta decir, en lo que el tiempo y la cancha empiezan a acomodar las piezas del rompecabezas rojiblanco en el lugar que les corresponde, que el primer acierto de los actuales dirigentes del Guadalajara, en cuanto concluyó su participación en el Torneo de Apertura -que, por cierto, aún está por definirse-, fue la decisión de ratificar a Luis Fernando Tena en el cargo para el que inicialmente fue convocado como “bombero”.

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De otro en su lugar, hubiera podido pensarse que asumía el reto como un albur. No como un reto… El “Flaco” sabía que las posibilidades de dar, en el corto plazo, los resultados que querrían tanto los simpatizantes del equipo como los dueños del juguete, eran escasas. Sin embargo, más allá de que las posibilidades de que las “Chivas” entraran a la “Liguilla” se mantuvieron vigentes hasta la última jornada de la fase clasificatoria, la mejoría gradual del equipo fue patente.

Se vio, pues, la mano del entrenador.

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Tena, por lo demás, al aceptar un contrato a corto plazo, en un club cuyos dirigentes no se habían distinguido por pacientes ni por respetar los plazos que exigen los procesos futbolísticos, se jugaba, en buena medida, su prestigio. Un prestigio en que había que destacar la conquista de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, y los campeonatos de Liga conseguidos con Cruz Azul y Morelia.

Que no hubiera traído al Guadalajara “la piedra filosofal” de los antiguos alquimistas, cuyo simple contacto convirtiera en oro cualquier metal, de ninguna manera desmerece su trabajo. Ratificarlo como técnico, al término de esa gestión transitoria, para encomendarle un proyecto en que se decidió invertir los millones de dólares necesarios para transformar un plantel de medio pelo en uno de primera línea -nominalmente al menos-, habla, por sobre todas las cosas, del respeto de los dirigentes por el compromiso y el profesionalismo del entrenador, y de la seriedad con que ellos mismos decidieron actuar esta vez: sin los arrebatos que tantas veces atropellaron carreras y aun pisotearon dignidades, como puede comprobar cualquiera que hurgue en las hemerotecas y relea las expresiones despectivas que se dedicaron a varios entrenadores que en el pasado fueron tratados -perdón por la analogía- como papel sanitario.

(Dicho lo cual, con la venia del lector amable, abrimos un receso de una semana en este espacio).

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