Martes, 18 de Febrero 2020
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* Rebeldía

Por: Jaime García Elías

* Rebeldía

* Rebeldía

La de los porristas del Atlas en contra de su directiva ya es una guerra no declarada…

La demora, ayer, en el anuncio de que el Estadio Jalisco sería vetado a raíz de que los aficionados, de manera reiterativa, emitieron durante el partido del viernes ante el Puebla el grito ofensivo que a algunos les parecía gracioso y al que la Federación  Mexicana de Futbol declaró -aquí sí- la guerra, presionada por la FIFA, sugiere que posiblemente a la Comisión Disciplinaria le tembló la mano para pronunciarse por la aplicación de la sanción prevista por los reglamentos y profusamente anunciada desde hace meses: el veto del estadio.

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La actitud de los aficionados, el viernes, fue más que elocuente…

Para nadie era un secreto que iban en serio las advertencias de que los estadios en que se insistiera en esa práctica serían vetados. El buen comportamiento de la gente, mientras el trámite del partido no alteró su estado de ánimo, fue sintomático de que estaban en plan de acatar la consigna… Que las expresiones homofóbicas -como han sido calificadas por la FIFA, al margen del amplio debate que se abrió sobre sus connotaciones semánticas- aparecieran como manifestación de irritación por la incapacidad del Atlas para reflejar en su comportamiento futbolístico la superioridad numérica que tuvo sobre el adversario en la última media hora del partido, fue asimismo significativo. Que los mismos aficionados desoyeran abiertamente la petición de su capitán, Hugo Nervo, para que rectificaran su actitud, y, por el contrario, en los minutos finales insistieran en su conducta, por lo consiguiente.

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Visto como está que se trata de una actitud de franca rebeldía, de una especie de represalia porque sienten que sus dirigentes no han honrado el compromiso verbal de buscar una mejoría significativa del equipo, sería pertinente que hubiera otra actitud por parte de la directiva rojinegra. Una actitud más enérgica…

De entrada, dialogar con los líderes de sus barras de animación. Después, tomar medidas disciplinarias: prohibir el ingreso de ciertos grupos de porristas al estadio, e identificar, detener y consignar ante las autoridades, por faltas administrativas previstas en el Reglamento de Espectáculos del municipio, ante la imposibilidad de hacerlo con todos, al menos a algunos de los díscolos.

Si hay tibieza por parte de los dirigentes, es previsible que los aficionados seguirán dejando airada constancia de su enojo… cada vez que vayan al estadio.

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