Miércoles, 19 de Febrero 2020
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* Para mejorar

Por: Jaime García Elías

* Para mejorar

* Para mejorar

Va, por enésima vez —y probablemente no será la última…— la anécdota de Nacho Trelles con la respuesta, de bote-pronto, a la pregunta de un reportero de cancha durante un partido.

— ¿Con qué intención hará ese cambio?— quiso saber el reportero, cuando Nacho, como entrenador, acaba de disponer uno en su equipo.

— Este cambio, como todos los que se hacen en la vida, es con la intención de mejorar.

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Y viene a cuento por la posibilidad de que, con declaraciones de por medio o sin ellas, Luis Fernando Tena disponga modificaciones en la alineación del Guadalajara para el partido del sábado próximo ante Cruz Azul...

Cuando arrancó el actual Torneo de Clausura, Tena dejó frustrados tanto a los analistas como a los simples aficionados que esperaban, de golpe y porrazo, la presencia en la alineación inicial de las “Chivas”, de varios de los siete jugadores adquiridos como refuerzos, después del mediocre desempeño del equipo más popular de México, no sólo en el precedente Torneo de Apertura sino en los cinco campeonatos en que ha sido incapaz de sacar boleto para la “Liguilla”.

Además de que los primeros resultados fluctuaron entre lo aceptable y lo plausible —sin que en el cuadro aparecieran, de sopetón, todos los recién llegados—, Tena explicó que durante las últimas cinco jornadas del Torneo de Apertura, para el que llegó como “bombero”, el equipo adquirió una estructura que le permitió dar partidos agradables y conseguir buenos resultados… hasta el punto de ponerse a un paso de la “Liguilla”.

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Si no había —de vuelta con la anécdota de Trelles— necesidad de mejorar, porque las cosas iban bien, tampoco había necesidad de hacer cambios. Sin embargo, ahora que las actuaciones más recientes han generado más críticas que elogios, y, sobre todo, que los resultados (el 3-0 adverso del sábado pasado ante los “Tigres”, principalmente) demuestran que, en palabras del mismo Tena, aquella estructura “se ha perdido poco a poco”, la conclusión cae por su propio peso: se impone aceptar que los hechos —contra los que, según el adagio, “no hay argumentos”— ordenan hacer cambios, porque éstos, reiterémoslo, “siempre se hacen con la intención de mejorar”.

Además, precisamente para eso —para mejorar— se hizo la millonaria inversión, interpretada prematuramente como cheque al portador (pagadero en el Banco de la Ilusión) de que el nuevo Guadalajara sería la sensación de Patolandia… y aldeas circunvecinas.
 

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