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Viernes, 19 de Octubre 2018

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* Palabrotas

Por: Jaime García Elías

* Palabrotas

* Palabrotas

…Y, al final del cuento, el inefable Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS, por sus siglas en francés) salió con su “Domingo siete”…

El veredicto del organismo al que apeló la Federación Mexicana de Futbol por las multas impuestas por el Comité Disciplinario de la FIFA a raíz de las interjecciones, supuestamente homofóbicas, con que los aficionados acompañan los saques de meta de los porteros, fue contundente y categórico: “Ni culpables ni inocentes… sino todo lo contrario”.

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Lo pensaron muy bien. Tuvieron tiempo para hacerlo, puesto que la primera de las 11 sanciones data de hace dos años.

Para resolver en el sentido en que lo hicieron, se inspiraron, muy probablemente, en Poncio Pilatos… Se lavaron las manos. Hicieron malabares con el chayote caliente que les cayó en las manos. Concluyeron el asunto como “los montes (que) de parir dieron señales” de que hablaba el fabulista: “Después de tanto ruido, sólo viento”.

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La expresión que se ha institucionalizado en los estadios mexicanos, y que los aficionados han llevado ya a todos los confines, no es imputable —resolvió el Tribunal— porque la intención de quienes la profieren nunca ha sido “ofender o discriminar” a los destinatarios de la misma; (de hecho, tan no es discriminatoria que se la dedican a todos, sin excepción)… Sin embargo, como el Código Disciplinario de la FIFA —que existe, aunque muy pocos lo supieran— reprueba el uso de “palabras ofensivas”, y el epíteto en cuestión lo es, la segunda parte de la resolución es una especie de tarjeta amarilla: no hay motivo para sancionar, pero como vociferar palabrotas en público constituye una “conducta impropia”, se les advierte que ésta “no debe ser tolerada”, y que de persistir en la misma “podría haber sanciones más severas que la simple multa económica”.

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“Contreras” como somos en estas latitudes, los siguientes capítulos de la historia son perfectamente previsibles: por una parte, la Federación y los clubes mexicanos insistirán en sus ridículas campañas “educativas”: “¡Los niños bonitos no dicen esas palabras tan feas…!”. Por la otra, los aficionados ya decidieron que, lejos de ser homofóbico o simplemente tonto, su alarido es ingenioso e inofensivo, y  van a seguir profiriéndolo (incluso, con las correspondientes variantes de género, en los partidos de futbol femenil), muertos de risa… hasta que el TAS no decida subir, a naranja o a rojo, el color de la tarjeta.
 

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