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Domingo, 18 de Noviembre 2018

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* Historia recurrente

Por: Jaime García Elías

* Historia recurrente

* Historia recurrente

Como sólo no se consuela el que no quiere, al Guadalajara todavía le queda una esperanza: que los astros se alineen en las tres jornadas de vida que le restan a la etapa clasificatoria; que consigan ante Puebla, León -ambos de visitante- y “Tigres” los nueve puntos que irán de por medio, y que varios de los equipos que lo preceden en el tabulador -Morelia, “Tigres”, Pachuca y Querétaro- renuncien a sus aspiraciones y sacrifiquen sus resultados a conveniencia de los rojiblancos, para que éstos recojan el boleto a la “Liguilla”, que les llegaría, literalmente, como caído del cielo.

Ya después vendría la otra parte de la historia: esperar que, en la fase decisiva del campeonato, las “Chivas” experimentaran la metamorfosis que las aliviara de su inoperancia y las sacara de la inconsistencia que ha sido su sello en la fase clasificatoria, y asumieran, como por arte de magia, el protagonismo con que sueñan sus legiones de simpatizantes.

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Por lo pronto, el sábado, ante el Morelia se reeditó una historia que se está volviendo recurrente. El desenlace del episodio corresponde a lo que se ha convertido en un mal endémico de los rayados: la incapacidad para concretar un porcentaje razonable de las situaciones propicias que se generan en el partido; y al final de la película, tener que cargar con la derrota -en condición de local, para más inri- en un partido que se estaba ganando y que, de conformidad con lo exhibido, pudo y debió haberse resuelto favorablemente con amplitud en el marcador.

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Dentro de la mediocridad que ha sido la tónica de los equipos tapatíos en esta campaña, el Atlas, con el empate rescatado de la cancha del Necaxa, dio más motivos para celebrar que el Guadalajara al ser incapaz de conseguir el resultado que, como se dijo hasta la saciedad durante la semana previa, estaba obligado a conseguir.

Los rojinegros volvieron a sacar la nota aprobatoria a la ofensiva, merced al “doblete” del colombiano Luque… pero en el capítulo defensivo volvieron a cometer pecados de los que ordinariamente frustran los triunfos porque se pagan con la penitencia de los goles.

Si alcanza a ser un consuelo, el empate les sirvió para ceder, simbólicamente, el farol rojo del tabulador al Veracruz, que era, de todos los participantes en la danza, el más dejado de la mano de la mano de Dios

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