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Miércoles, 25 de Abril 2018

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* Gloria… y dolor

Por: Jaime García Elías

* Gloria… y dolor

* Gloria… y dolor

Para mayor gloria del vencedor, para mayor dolor del vencido, la batalla decisiva se definió en la cancha del visitante...

Los “Tigres”, en efecto, tuvieron que hacer el sobreesfuerzo que representa levantarse de la lona, para coronarse en el epílogo del histórico –por decisivo, precisamente— Clásico Reynero más celebrado de todos los tiempos.

Lo hicieron, en realidad, dos veces. Como en el partido de ida, el jueves, como locales, en el de vuelta, anoche, como visitantes, los universitarios se vieron en la incumbencia de remar contra la corriente. Algo que, como ya se apuntó, acrecienta el valor de la victoria y de su consecuencia más trascendental y significativa: la conquista del título.

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Si Nahuel Guzmán, el jueves, sacó boleto para desempeñar el papel de villano de la película, el arquero argentino fue anoche uno de los héroes del triunfo. Hugo González, en el otro marco, fue señalado por la crítica como el talón de Aquiles del Monterrey… Quedó la sensación de que el guardameta de los rayados pudo haber hecho más en los dos goles de los “Tigres”. Tanto en el disparo de Vargas, desde lejos, como en el remate frontal de Meza, de muy cerca, Hugo tocó el balón… pero nunca acertó a desalojarlo.

En todo caso, Avilés Hurtado, goleador del campeonato en la temporada regular, se puso el sambenito de chivo expiatorio al fallar el penalty con que pudo haber empatado el marcador… y modificado, eventualmente, el curso de la historia.

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El recurso del método –con la venia de Alejo Carpentier— marcó la diferencia... Para romper la teórica paridad de fuerzas, por el equilibrio en la calidad intrínseca de las individualidades, la clave consistió en la serenidad con que los “Tigres” manejaron las adversidades que en los dos partidos se les presentaron.

La de anoche fue más notoria. Los universitarios se sobrepusieron al impacto anímico que significa el llamado “gol de vestidor”, que altera todas las previsiones, y a la presión que seguramente representó el aliento del llamado “jugador número 12”.

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Empañado por la expulsión de Cardozo ya en tiempo de reposición; sin las tarjetas amarillas que en el partido de ida menudearon, el de anoche fue menos luchado, quizá..., pero mejor jugado que el anterior.

Colofón: el aplauso de los seguidores del Monterrey al nuevo campeón fue el mejor subrayado posible: ganó el mejor… ¡y ganó el futbol!

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