Martes, 07 de Julio 2020
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* Equipos quita-pón

Por: Jaime García Elías

* Equipos quita-pón

* Equipos quita-pón

Las leyes del deporte son así: el sentimiento de los aficionados es una cosa; los intereses de los dueños de los equipos, otra muy diferente.

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No bien acababa de oficializarse, el lunes, la noticia que comenzó a correr -“como reguero de pólvora”, según el tópico- de la mudanza del Morelia a Mazatlán (que hasta ahora, hasta donde se sabe, ha generado más disgusto en la capital michoacana que algarabía en “La Perla del Pacífico”), cuando empieza a cocinarse otra novedad para el Torneo de Apertura de la Temporada 20-21 en la Liga MX: el posible regreso del Atlante a la Primera División, mediante la adquisición de la franquicia del Querétaro.

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En lo que la especie se confirma o se diluye, habrá que recordar que el Atlante fue uno de los equipos pioneros del futbol mexicano -fue fundado en 1918- y uno de los de más arraigo en la capital del país, especialmente en los tiempos románticos previos al profesionalismo.

“Los Prietitos”, lo llamaban familiarmente sus seguidores. “El Equipo del Pueblo”, fue otro de sus motes…

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En los albores del profesionalismo, Atlante y Necaxa protagonizaban el primer “Clásico” capitalino al que se dio ese rango. El América, pese a su antigüedad -se le considera el equipo decano de futbol en México- y su abolengo, declinó en esos años.

Fue hasta que Emilio Azcárraga Vidaurreta adquirió la franquicia (que aún en las manos de Isaac Bessudo, su anterior propietario, anduvo arrastrando la cobija) y Guillermo Cañedo asumió la presidencia, que los “Cremas” comenzaron su actual historia. Y fue cuando el abanico de los equipos capitalinos se modificó con el ascenso de “Pumas” y Cruz Azul, a principios de los sesentas, y la mudanza de éste -de Jasso, Hidalgo, a la Ciudad de México-, que, imposibilitados para competir con estructuras financieramente más poderosas, Necaxa y Atlante entraron en una fase agónica.

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Su salvación fue, en ambos casos, la mudanza. El Necaxa, protagonista en los años noventas, emigró a Aguascalientes; el Atlante, primero a Querétaro y luego a Cancún. Pero mientras el Necaxa recuperó la categoría, el Atlante, con más pasado que presente, sigue dando tumbos.

El desenlace de este capítulo de la historia es previsible: el Atlante volverá a la capital del país y a la Primera División del futbol mexicano…, si alguien decide que hacerlo resurgir de sus cenizas puede ser negocio.

Menos, no.

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