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Lunes, 15 de Octubre 2018

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* Época dorada

Por: Jaime García Elías

* Época dorada

* Época dorada

Aunque es cierto que en el futbol mexicano “pierdes dos partidos, y te hundes; ganas dos partidos, y te levantas”, no parece haber elementos para suponer que Guadalajara y Atlas estén atravesando por una crisis transitoria —como el campeón “Tigres” que lleva apenas ocho puntos y navega en las aguas medias, por debajo de la llamada “zona de clasificación”—, y para esperar, fundadamente, que cualquier chico rato las estrellas se alineen a su favor y ellos pasen a ser, como en sus buenos tiempos, animadores, auténticos protagonistas… y no tristes comparsas del campeonato.

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El sábado, tanto en el partido del Atlas ante Lobos BUAP en Puebla como en el Guadalajara-Santos Laguna en el estadio de las “Chivas”, la sensación que desde la cancha transmitían a los espectadores los integrantes de los dos elencos tapatíos, era más de sufrimiento que del bienestar y aun la alegría que supuestamente debería reportar el ser partícipe de un juego, entendido como un ejercicio que se realiza con la intención primordial de divertirse.

Unos y otros proyectaban a la tribuna la sensación de que estaban siendo sometidos a una penitencia, en expiación por quién sabe qué pecados cometidos tanto en esta como en sus vidas anteriores. Sufrían con la pelota en su poder, porque no daban indicios de saber qué hacer con ella; sufrían sin ella, porque se desordenaban y generaban los espacios que los rivales aprovechaban para convertir los goles con los que se escribió la historia de sus respectivos triunfos.

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Ni siquiera tuvieron, ni rojinegros ni rayados, el consuelo de que sus derrotas hubieran sido consecuencia de “los imponderables del futbol” como pudieran ser los errores arbitrales —inevitables muchas veces— que tuercen el cuello al cisne de la justicia deportiva y cambian un resultado. Tampoco pudieron decir que sus descalabros fueran los “accidentes del juego” que a la hora del resultado impiden que se cumpla el noble ideal de “que gane el mejor”.

En lo que dirigentes, técnicos y jugadores se suscriben al tópico de que “sólo queda seguir trabajando” y al buen deseo de que vuelvan los tiempos de lanzar cohetes y quede en el olvido la etapa de recoger varas, los más ancianos de la comarca evocan la época dorada en que los chicharrones que mejor tronaban en los campeonatos mexicanos, eran los de los equipos tapatíos.

“¡Qué tiempos, señor Don Simón…!”

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