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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Ideas |

* “Buenos ladrones”

Por: Jaime García Elías

* “Buenos ladrones”

* “Buenos ladrones”

En el “gol fantasma” más famoso de la historia -el de Geoff Hurst, tercero de Inglaterra, en la prórroga de la final del Mundial de 1966-  no había VAR (se inventaría medio siglo después), y hasta la fecha prevalecen las versiones de que el balón no entró. En el del domingo pasado, que pudo haber significado el empate del Toluca ante el Guadalajara, el VAR permitió que el árbitro rectificara, invalidando el gol que ya había concedido… Sin embargo, aunque su decisión fue legítima, queda la duda de si fue correcta.

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Por supuesto, la de referencia no fue la única piedrita en el arroz. Desde que ese elemento tecnológico se incorporó, como coadyuvante en las decisiones arbitrales más trascendentales -goles, penalties, expulsiones, identidad de jugadores para efectos de tarjetas- a las reglas del juego en la Liga doméstica, ha habido muchos casos -los más, seguramente- en que su contribución ha reducido el margen de error de los silbantes… pero ha habido algunos en que han quedado más dudas que certezas.

En el “gol” del Toluca, el domingo, algunos observadores han criticado a Triverio porque levantó los brazos para celebrar la supuesta anotación, al ver -como todo el mundo- que la pelota botó dos o tres veces dentro del marco, en vez de aprovechar el vuelo para darle un último puntapié que asegurara la validez de la anotación. Esa habrá sido, posiblemente, y lo seguirá siendo durante varios días, la pesadilla del atacante argentino.

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A falta del “ojo de halcón” que se utiliza en otras ligas, que se ha aplicado en los últimos mundiales y que permite asegurarse de que la circunferencia completa del balón cruza la línea de meta bajo el larguero, para que se cumpla el enunciado de la Regla 10 (tanto marcado), el VAR aplica el “ojo… de buen cubero”. En el caso, el silbante Jorge Pérez Durán consideró que la “pancita” del balón “mordía” la raya y que “faltó un pelito” para que hubiera gol.

Los rayados, felices; los “Diablos Rojos”, furiosos. Unos y otros saben, primero, que no hubo mala fe del silbante; segundo, que los que hoy ríen, mañana llorarán, y viceversa; y tercero, que sigue siendo cierto que los árbitros son -y lo seguirán siendo, mientras el mundo sea mundo- “buenos ladrones crucificados en medio de dos cristos”.
 

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