Domingo, 18 de Abril 2021

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- “Voto duro”

Por: Jaime García Elías

- “Voto duro”

- “Voto duro”

En “Ensayo sobre la Lucidez”, José Saramago -Premio Nobel de Literatura 1998- refiere la historia de los habitantes de una ciudad que en unas elecciones generales votan mayoritariamente en blanco, en señal de desdén por todos los candidatos y partidos; esta acción desencadenará, como reacción de las autoridades, la imposición de un estado de sitio con todas las garantías suspendidas.

-II-

Por supuesto, es poco probable que esa historia se repita en los comicios a celebrarse el próximo 6 de junio en México. La perspectiva más pesimista, en todo caso, consiste en un triunfo aplastante del abstencionismo, si un eventual, espectacular repunte en los contagios de COVID-19 atemoriza y ahuyenta de las urnas a los potenciales votantes.

En todo caso, los comicios en puerta tendrán un par de particularidades: una, que serán -como se ha dicho insistentemente- “los mayores de la historia de México”, por los más de 20 mil puestos de elección popular en disputa; la otra, que serán los primeros en que el “voto duro”, a la usanza tradicional, brillará por su ausencia.

Históricamente, en México, además de los afiliados, adherentes, miembros, dirigentes, cuadros y burocracia identificada con un partido, muchos electores se identificaban con la ideología, las tradiciones o la historia, o con los personajes y, por ende, con los colores de un partido. Aun sin conocer a fondo sus principios de doctrina, decían comulgar con su ideario, y con frecuencia simpatizaban con sus candidatos, aunque solo fuera por tratarse de correligionarios. Nunca habrían votado por otra opción. Hacerlo por el PRI (el partido gobernante durante siete décadas), el PAN (la oposición por antonomasia), o el PRD en años más recientes, era parte de una estricta tradición familiar irrenunciable.

-III-

Las cosas cambiaron notoriamente en las elecciones federales de 2018. En ellas, más que por un partido, un porcentaje mayoritario de los electores se decantó por un candidato -López Obrador, obviamente- que encarnaba, precisamente, la posibilidad de ser actores -no simples “extras”, como antaño- de un parteaguas en la historia política de México, rompiendo amarras con los partidos tradicionales.

El surgimiento de nuevos partidos, de poco conocida y quizás hasta inexistente ideología, o de coaliciones -hijas más del oportunismo o el pragmatismo de sus dirigentes que de vagos principios de doctrina- de los partidos tradicionales, pondrán a muchos electores, esta vez, en el dilema de informarse sobre méritos, historiales y propuestas de los candidatos… o votar como se escoge el número en una rifa o un billete de lotería: por corazonada.

jagelias@gmail.com
 

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