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Domingo, 19 de Noviembre 2017

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- Retrato hablado

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Cuando apenas era candidato, el hoy ya casi ex Presidente Peña Nieto incurrió –pocos lo habrán olvidado…– en una pifia clamorosa: fue cuando algún periodista tuvo la ocurrencia de pedirle, en la Feria Internacional del Libro, la lista de los tres libros que más hubieran influido en su vida… Los ecos de las risitas que provocó su turbación y los chistes que de ahí se derivaron, resuenan aún en barrancas y montañas.

-II-

Probado como está que ser “léido y escribido” –como López Portillo, por ejemplo– no hace a nadie, por ese solo hecho, un buen Presidente, ni descalifica a quien, sin serlo, a falta de la cultura que dan los libros, tiene otras virtudes y las ejercita generosamente en beneficio de sus gobernados, el caso es que Peña Nieto acaba de ser sometido a una prueba similar a la que se recordaba líneas arriba.

En un foro promovido por un grupo financiero, fue invitado a trazar alguna línea del boceto de un retrato hablado, si no del próximo Presidente, sí, al menos, del candidato que, como “gran elector”, tendría ya “in pectore”. Si patinó, hace seis años, en los nombres de los tres libros, Peña Nieto, en cambio, trazó con firmeza los rasgos esenciales de su sucesor: 1) amar a México; 2) tener experiencia en el servicio público; y 3) una propuesta clara.

-III-

Lo primero, en todos los casos, se da por sentado. Es probable que aun Antonio López de Santa Ana y Victoriano Huerta –por mencionar a los dos presidentes más abominados en la historia de México– hayan amado al país… a su manera. Lo segundo descalificaría a varios de los aventureros que pretenden convertirse en candidatos independientes… pero obligaría a recordar que varios que fueron eficientes y hasta sobresalientes “servidores públicos”, alcanzaron, al llegar a la Presidencia, lo que en El Principio de Peter se define como su nivel de incompetencia. Y en cuando al tercer requisito, la experiencia demuestra que la regla es que la propuesta, el proyecto, las líneas generales de Gobierno o como quiera denominarse, rara vez son fruto de las cavilaciones de un solo hombre –el candidato– y ordinariamente lo son del partido que lo postula.

Una excepción a esa regla sería Vicente Fox, quien durante años promovió el proyecto de Gobierno que le permitió “sacar al PRI de Los Pinos”… y cualquiera puede referir cómo recuerda el pueblo a la “pareja presidencial” de la que el susodicho formó parte.

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