Viernes, 03 de Julio 2020
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- Portentos

Por: Jaime García Elías

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No queda claro cuál portento fue mayor: si la eficiencia del ángel de la guarda de Óscar García Harfuch –quien sólo sufrió algunas heridas leves en el atentado en que los sicarios que pretendían asesinarlo le hicieron cientos de disparos con armas de todos los calibres habidos y por haber—, o la de los policías que, 12 horas después, habían detenido a 19 de los 28 matarifes participantes en el episodio.

Lo primero es notable, si se recuerda que a Rosita Alvírez –según refieren sus biógrafos— “de tres tiros que le dieron, / nomás uno era de muerte”. Lo segundo es portentoso, porque tanta atingencia para identificar, localizar y aprehender a los autores de un delito –fallido, felizmente… aunque el suceso dejara tres víctimas colaterales— que conmocionó a la opinión pública e incluso alcanzó repercusiones internacionales, sólo sucede en los países del Primer Mundo –donde truenan los chicharrones del FBI, la CIA o similares—… o en las películas de James Bond.

-II-

El antecedente más notorio del ataque contra García Harfuch –un atentado contra un personaje de la vida pública en la Ciudad de México— data del 28 de septiembre de 1994, cuando José Francisco Ruiz Massieu, dirigente del PRI, fue abatido por un asesino solitario. Éste (Daniel Aguilar Treviño) purga una condena a 50 años de prisión. Con respecto al (o los) autor(es) intelectuales del crimen, a lo largo de los siguientes cinco años se escribió una voluminosa y enredada novela (Pablo Chapa Bezanilla, Antonio Gloria, Manuel Muñoz Rocha, Raúl Salinas y “La Paca”, algunos de sus personajes— de la que finalmente nada salió en claro.

-III-

El viernes, el propio García Harfuch, unas horas después del atentado, lo atribuyó al CJNG (Cartel Jalisco Nueva Generación), lo que permite anticipar que el trabajo de inteligencia –“whatever that means”, diría Don Daniel Cosío Villegas— y los interrogatorios al presunto autor intelectual del atentado (detenido, asimismo, el viernes) redunde en operativos que permitan aprehender a algunos cabecillas de esa organización criminal… aunque se insista por ahí en que la violencia no es el recurso más recomendable para enfrentar una violencia perpetrada por individuos que hasta ahora han sido impermeables a mensajes motivacionales (desde el amoroso “abrazos, no balazos”, hasta el escatológico “fuchi, guácala”), o insensibles al consejo de que “piensen en sus mamacitas” o se apunten como beneficiarios de los programas sociales que la actual administración ha creado para todos los gustos y todas las edades.
 

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