Viernes, 22 de Enero 2021

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Por: Jaime García Elías

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Nunca falta, por desgracia, la piedrita en los frijoles, el prietito en el arroz o el pelo en la sopa…

Es el caso con las vacunas contra el COVID-19. Por una parte -la sopa, el arroz o los frijoles- ya se vislumbra una esperanzadora lucecita al final del túnel, a raíz de que las primeras dosis ya están siendo aplicadas, en México, a los trabajadores sanitarios, y ya hay un cronograma con respecto a los sectores de la población que gradualmente recibirán ese beneficio. Por la otra -el pelo, el prietito o la piedrita- al día siguiente de aplicarse esas vacunas, hubo quien, probablemente de buena fe, pero ciertamente con altas dosis de ignorancia e irresponsabilidad, se apresuró a difundir la atrocidad de que dichas vacunas estaban causando “graves reacciones” a quienes ya las habían recibido.

-II-

La versión es falsa a todas luces. Todas las vacunas que ya se fabrican y se aplican en el mundo pasaron por la fase de pruebas. Todas demostraron ser eficaces y seguras. Lo primero significa que, según las cifras difundidas oportunamente, más de 94% de las personas que las reciban, quedarán efectivamente inmunizadas contra el virus. Lo segundo, que los efectos secundarios, de haberlos, serán leves y pasajeros.

Hasta donde se sabe, tales efectos han consistido en dolor en la zona en que la vacuna fue aplicada, febrícula y un ligero cuadro gripal. Tales reacciones, por lo demás, han sido calificadas como “normales” por los médicos, considerando que se trata de la respuesta del sistema inmunológico a la presencia de un intruso en el organismo… Hasta donde se sabe, también, solo se ha advertido que la vacuna podría estar contraindicada para personas que padecen afecciones alérgicas severas…, y aun en su caso se recomienda consultar previamente al médico.

-III-

La generalización y la exageración, al hacer creer que “la mayoría” de las personas vacunadas han sufrido esos “terribles efectos” es perniciosa, porque si bien es cierto que el número de los necios que han difundido esa falsedad es reducido, en cambio es infinito el de los ingenuos que pueden creerla y replicarla.

La consecuencia de que se corra la voz con respecto a esa falacia, sería la reticencia de muchas personas a vacunarse…, y el consiguiente incremento de posibilidades de que, al no quedar inmunizadas, pudieran contagiarse y, a su vez, contagiar a otros.

Y, lamentablemente, contra los disparates y barbaridades que algunos necios difunden, aún no hay vacunas…

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