Lunes, 26 de Julio 2021

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- Denuncias

Por: Jaime García Elías

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Ahora, precisamente en las fechas en que la cristiandad conmemora, de conformidad con sus dogmas, el Nacimiento del Hijo de Dios, se difunde la noticia de que una iglesia cristiana -La Luz del Mundo, con sede en Guadalajara y, según ella misma, con más de cinco millones de adeptos en todos los confines-, y particularmente su líder, Nassón Joaquín García, fueron denunciados por la Unidad de Inteligencia Financiera del Gobierno federal, ante la Fiscalía General de la República, por delitos fiscales y lavado de dinero.

La acusación se suma a las que promovieron las autoridades estadounidenses contra el propio Nassón Joaquín García -quien desde junio de 2019 se encuentra encarcelado en Los Angeles- por abuso sexual y otros delitos.

-II-

Un común denominador de todas las iglesias es un fundamento ideológico-filosófico de validez y aceptación universales: hacer el bien, amar al prójimo y respetar su vida, su integridad personal, sus derechos o sus bienes. Todas las iglesias, sin excepción, proclaman y comparten esos principios…

Otro común denominador de las religiones, empero, es que, paradójicamente, a lo largo de la historia han sido motivos de divergencias, conflictos, crímenes y aun guerras. Abundan los ejemplos: desde Las Cruzadas -por las que el Papa Juan Pablo II pidió perdón al conmemorarse el segundo milenio del nacimiento de Jesús- hasta los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, pasando por “La Cristiada” en México y la Guerra de los Balcanes en Europa. Ilustran asimismo las imperfecciones de instituciones que se ostentan como representantes de Dios en la Tierra, escándalos como los abusos sexuales por parte de ministros de la Iglesia Católica, que proliferaron durante el pontificado de Juan Pablo II y casi seguramente motivaron la insólita renuncia de su sucesor, Benedicto XVI.

-III-

Gestos como los del actual Papa, Francisco, al elegir como residencia un modesto apartamento y no los “palacios apostólicos” de sus predecesores, son confesiones tácitas de la proclividad de las iglesias a las riquezas mundanas. Procesos como los que en Estados Unidos y ahora en México se han orientado contra La Luz del Mundo y su líder en particular, deberían servir, en teoría, para sancionar conductas ilícitas, cuando no decididamente delictivas…, o, idealmente, para limpiar, mediante sentencias absolutorias, la congruencia, la rectitud y, al cabo, tanto el prestigio de la institución como el buen nombre de sus dirigentes.

Dicho lo cual, solo resta desear al lector amable todo género de felicidades en esta Navidad.

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