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Sábado, 18 de Agosto 2018

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- Colusión policiaca

Por: Jaime García Elías

- Colusión policiaca

- Colusión policiaca

No: no es que los policías de Tlaquepaque –o algunos, al menos— sean grajos negros que mañosamente se hubieran infiltrado en un estanque pletórico de impolutos cisnes blancos. Desde mucho antes de que la Secretaría de Gobernación tomara la medida de “desarmar” a la corporación en pleno y de someter a sus integrantes a una serie de medidas correctivas (”según San Lucas…”), era un secreto a voces que casi todas las policías municipales del país han estado coludidas con los delincuentes.

-II-

Entre las historias más comunes están las “denuncias ciudadanas” –anónimas algunas, que no todas—, debidamente documentadas, respecto a la venta de drogas en los barrios; denuncias estériles, porque la regla es que los narcomenudistas sigan operando merced a las cuotas de protección que aportan a los policías –y que, por supuesto, permean a sus superiores—, y aun contraproducentes cuando trascienden los nombres de los denunciantes y hay represalias contra ellos. O están las aprehensiones, en flagrancia incluso, de delincuentes, que se resuelven, en pocas horas, en su liberación… por “errores de forma” –¡qué casualidad…!— en las actuaciones ministeriales.

En lo que el Secretario de Gobernación anticipaba que esta misma semana habrá noticias de “más puntos del país donde se realizarán desarmes a Policías señaladas con irregularidades en su operación”, el Gobernador del Estado anunció que “en 30 días se reincorporarán a sus labores ‘los buenos policías’ de Tlaquepaque”… y que “habrá consecuencias para los involucrados con el crimen organizado”.

En el caso de los primeros, habrá que ver qué tanto crédito merece a la generalidad de los ciudadanos la estrellita en la frente que la autoridad estatal pondrá en la frente a “los buenos policías”. En el de los segundos, está por verse, de entrada, a cuántos se procesará y sancionará con la severidad que amerita el que hayan sido cómplices sistemáticos de los delincuentes; y después, no sólo a cuántos se dará de baja por haber perdido la confianza de sus superiores –y por no merecer la del ciudadano de a pie—,  sino las actividades a las que se dediquen una vez que dejen de ser policías.

-III-

Porque esa es otra realidad lacerante: que en la comisión de muchos delitos de alto impacto –secuestros, extorsiones, asesinatos, tráfico de drogas…— se ha probado la participación de policías o expolicías. Lo que invita a considerar que no es gratuita la aseveración de que “Gallina que come huevo…, aunque le quemen el pico”.

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