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Jueves, 15 de Noviembre 2018
Ideas |

- ¿Caso resuelto…?

Por: Jaime García Elías

- ¿Caso resuelto…?

- ¿Caso resuelto…?

Si se confirman las versiones de que uno o los dos sujetos identificados como posibles autores de los asesinatos de indigentes ocurridos en las últimas semanas en Guadalajara, y que incluso ya fueron detenidos, son culpables de esos crímenes, habrá que reconocer que las autoridades encargadas de investigar, perseguir y sancionar delitos, actuaron con una eficacia y una celeridad... excepcionales.

Celeridad, porque a una semana de que el asunto se volvió noticia, había ya dos posibles responsables sometidos a la etapa preliminar del proceso que idealmente debería culminar en que se les sancione con todo el peso de la ley. Eficacia, porque las estadísticas señalan que de los cinco asesinatos al día -¡más de mil 800 al año!- que se cometen en la Zona Metropolitana de Guadalajara, 95% queda impune. Y excepcionales, precisamente porque la regla es que los cadáveres se recojan y se cuenten, pero los crímenes difícilmente se resuelven. (Recuérdese, de manera tangencial, el reciente escándalo de “El Tráiler de la Muerte” en que se almacenaban los cadáveres que por centenares se recogían de las calles de la ciudad, y a la mayoría de los cuales ni siquiera se conseguía identificar).

-II-

Que en pocos días se registraran varios delitos similares, y la sospecha -y el correspondiente temor- de que detrás de ellos pudiera haber uno o varios asesinos seriales, generó reacciones animadas por el buen deseo de ofrecer alguna protección a uno de los núcleos sociales más frágiles: el de los vagabundos.

Desvinculados de su familia o rechazados por ella; desprovistos de ingresos regulares, de atención médica, de techo y de abrigo, y cuyo alimento -la más elemental de sus necesidades- depende de la caridad pública o de algún hallazgo en el bote de la basura; reacios a buscar un oficio, así sea marginal, e incluso a dejarse ayudar por organismos de asistencia social o por personas altruistas, por problemas mentales o desajustes en su personalidad, los indigentes seguirán deambulando por las calles, comiendo desperdicios, durmiendo en los portales o en las bancas de los parques, más temerosos de un desaire o una agresión, que esperanzados en un gesto de amor al prójimo.

-III-

Hoy, por el incidente que ha sido noticia, se les ve con lástima. Mañana, vueltas las cosas a la normalidad, se les volverá a ver, en el mejor de los casos, con indiferencia. Y después, con el desafecto e incluso el desprecio a los que ya están acostumbrados.

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