Lunes, 10 de Mayo 2021

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- “¡Árbitro ratero…!”

Por: Jaime García Elías

- “¡Árbitro ratero…!”

- “¡Árbitro ratero…!”

Cuando el INE le levantó la mano, tras el proceso electoral del 2018, López Obrador se deshizo en elogios al organismo; dedicó a sus funcionarios los vuelos más vehementes de su incensario; los llamó “héroes de la democracia”. Hizo efectivo el aforismo de que “todo panegirista es un calumniador”: llamar “héroe” a quien cumple con su deber, por meritorio que sea, o calificar de heroica su conducta, es exagerar la nota; es equipararlo con quien, en efecto, merece reconocimiento público por sus hazañas y virtudes extraordinarias…

-II-

Ahora que el mismo organismo -e incluso sus mismos integrantes- le ocasionaron una contrariedad al descalificar como posibles candidatos a sendas gubernaturas a dos ciudadanos -Félix Salgado Macedonio por Guerrero y Raúl Morón por Michoacán- que gozan de su absoluta simpatía pero cometieron la torpeza de realizar actos de precampaña y no reportar los gastos correspondientes -acciones y omisiones calificadas como “faltas graves” por la ley- y los sancionó impidiéndoles el registro, los “héroes” de ayer pasaron a ser vituperados, exhibidos y sometidos a las pedradas, los escupitajos y las iras de la turba -a través de las “benditas” redes sociales, principalmente- como autores de una “traición a la democracia”.

Reacciones típicas, una y otra, no solo de los malos deportistas sino de los demócratas fingidos, falsos por convenencieros: “Si sus resoluciones me favorecen, ‘¡árbitro justo!’; si me son adversas, ‘¡árbitro injusto, ratero, vendido, corrupto!’... y lo que sigue”.

-III-

Plantear, desde ahora -precisamente en el momento en que por obra y gracia de los “casos” Salgado y Morón se caldea un ambiente preelectoral que se vislumbraba tibio a causa de una pandemia que impedirá la celebración de mítines, reuniones o asambleas masivas de simpatizante y/o acarreados, y eventualmente disminuirá el número de votantes, por miedo a contagiarse- la intención de promover reformas a la ley, orientadas a reestructurar al INE y a reemplazar a sus actuales consejeros, desmiente el compromiso verbal de no intervenir, aunque sí de fungir como dizque “vigilante de la legalidad del proceso”. Pero lleva, además, según todos los indicios, la malévola, deliberada intención de querer descalificar al árbitro de la elección en puerta. Sugerir que las candidaturas se decidan mediante encuestas telefónicas (“Sería muy sencillo -dijo el susodicho-, ahora que hay sistemas de call centers”), al margen de los métodos y lineamientos que las leyes vigentes establecen, es querer hacer caso omiso de las mismas… por no decir que usarlas como papel sanitario.

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