Durante años, una advertencia ha resonado en los hogares: comer sandía por la noche cae pesado al estómago. Hoy, con las altas temperaturas acechando, es vital saber si este refrescante postre nocturno es un aliado para la salud o un enemigo silencioso para el descanso.La creencia popular sugiere que esta fruta fermenta en el sistema digestivo si se consume tarde. Sin embargo, la ciencia de la nutrición moderna tiene una perspectiva muy diferente sobre este hábito.Para entender el impacto real, primero hay que analizar la composición de este alimento. La sandía está compuesta en un 92% por agua, lo que la convierte en una opción sumamente ligera.Además, aporta apenas unas 30 calorías por cada 100 gramos consumidos. Esto significa que, lejos de engordar, es un tentempié ideal para quienes buscan mantener un déficit calórico.La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el consumo diario de frutas y verduras. En ningún documento oficial esta institución restringe el horario en el que deben ingerirse estos alimentos.Entonces, ¿de dónde surge el mito? Principalmente, de la sensación de saciedad extrema que produce su alto contenido líquido si se come en porciones exageradas justo antes de ir a la cama.Consumir esta fruta aporta licopeno, un poderoso antioxidante responsable de su característico color rojo. Este compuesto ayuda a proteger las células contra el daño oxidativo y mejora la salud cardiovascular.También contiene citrulina, un aminoácido que favorece la dilatación de los vasos sanguíneos. Este componente puede incluso ayudar a reducir la presión arterial y relajar los músculos durante la noche.En cuanto al azúcar, aunque su índice glucémico es alto, su carga glucémica es notablemente baja. Esto significa que una porción normal no provocará picos peligrosos de glucosa en la sangre.El único inconveniente real de cenar esta fruta radica en su efecto diurético. Ingerir grandes cantidades de agua antes de dormir puede provocar nicturia, interrumpiendo el ciclo de sueño para ir al baño.Por ello, los expertos en gastroenterología desmienten categóricamente que la fruta se pudra en el estómago. El proceso de digestión humana es lo suficientemente eficiente para procesarla a cualquier hora.La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) sugiere que las cenas sean ligeras y equilibradas. Además, recomiendan que la última comida se realice al menos dos horas antes de acostarse.Esta regla de tiempo aplica perfectamente para cualquier tipo de fruta, incluida la sandía. Darle al cuerpo un margen para iniciar la digestión asegura un descanso profundo y sin pesadez estomacal.Para evitar molestias adicionales, los especialistas recomiendan masticar despacio y controlar el tamaño de la porción. Un par de tajadas pequeñas son más que suficientes para calmar el antojo de algo dulce.En conclusión, cenar sandía no es malo ni perjudicial para la salud digestiva. Siempre que se consuma con moderación, sigue siendo una de las opciones más saludables, hidratantes y refrescantes disponibles.Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA