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Martes, 13 de Noviembre 2018

El placer de la interpretación

El actor y director cinematográfico Ed Harris, premio honorífico en el Festival de Sitges, habla sobre su carrera y de paso sentencia “sentir vergüenza por el gobierno de Trump”

Por: Blanca Cia / El País

El placer de la interpretación

El placer de la interpretación

El actor y director de cine Ed Harris (Tenafly, 1950) se le nota que disfruta hablando de su profesión, de los papeles que ha interpretado, de cómo afronta cada uno de ellos y de sus proyectos. Su semblante es sonriente, cuando no ríe directamente. Su rostro se torna serio y la fina línea azul de sus ojos se endurece cuando la conversación deriva a la situación política de su país, Estados Unidos: “No suelo hablar de política. Pero estoy enojado, triste y siento vergüenza por lo que representa el gobierno de Trump. Solo hace falta ver lo que está haciendo con el medioambiente, con los derechos de las mujeres y haciendo más ricos a los ricos y empobreciendo a los pobres”.

Harris ha recibido hoy el premio honorífico del Festival de Sitges por su larga trayectoria profesional con papeles tan reconocidos como el que interpretó en “The Truman Show”, en el que fue Christof, el creador de la falsa realidad. Una película que dirigió Peter Weir, que también fue homenajeado en el festival y con el que compartió un visionado de esa tragicomedia que cumplió 20 años. Harris, que ha sido nominado en cuatro ocasiones para los Oscar, interpretó el papel de responsable de vuelo en “Apollo 13”, otra de las películas que le hicieron popular. Y más recientemente, se ha puesto en la piel del Hombre de Negro, uno de los personajes siniestros del western futurista “Westworld”, la serie de HBO que va por su tercera temporada. Está convencido que todo lo que sea western tendrá larga vida: “Seguro, porque siempre hay malos en un ambiente que no está controlado por la tecnología. Es muy simple, solo se trata de su comportamiento y necesidades”.

Con 80 películas en su haber y con múltiples caracteres y personalidades, Harris dice que le encanta cambiar de registro porque siempre aprende. Asume la experiencia -y la edad, tiene 68 años- como algo positivo: “Cuanta más vida tengas y vivas, mejor. Así podrás reflejarla en el trabajo que haces sin encasillarte. Creo que, a veces, lo que limita a los actores es la propia imagen que tienen de sí mismos”. Se reconoce un punto obsesivo en el trabajo, como lo fue cuando dirigió y protagonizó “Pollock” (2000) -sobre la vida del famoso pintor estadounidense, figura del expresionismo abstracto- y en “Appaloosa” (2008) -un western ambientado en Nuevo México de finales del siglo XIX- que también dirigió e interpretó junto con Viggo Mortensen.

Ahora, Harris está buscando financiación para llevar a las pantallas “The Ploughmen”, su tercer proyecto como director: “Pensé que después de nueve años ya tenía que volver a dirigir”. “The Ploughmen” es un thriller psicológico ambientado en Montana en la década de los noventa -”antes de los smartphones”, puntualiza- sobre un hombre mayor (que interpreta Robert Duvall) acusado de asesinato. En el reparto se encuentra también su esposa, la actriz Amy Madigan, y su hija. “Si no he dirigido más películas es porque se trata de algo muy duro. Son años de preparación, de escribir una buena idea, conseguir el dinero, filmar, montarlo. No es algo que se hace rápido”.

La base, el teatro

Su ductilidad en la interpretación le viene, asegura, del teatro que sigue alternando con los proyectos cinematográficos, donde cada función es única: “Parte de lo que amo de mi trabajo es el viaje incierto al que te puede llevar un actor, qué sorpresas saldrán por el camino. No me gusta decir cómo tiene que ser una cosa, tienes que estar abierto porque trabajas con más intérpretes”. Igualmente que sostiene esa afirmación, también mantiene que el guion de una película es como la “biblia”. Actor con personalidad y carácter, uno de sus últimos trabajos que gira en torno a la potencia del personaje ha sido “Kodachrome”, en la que Harris es un fotógrafo enfermo que se cruza medio Estados Unidos para disparar sus últimos cuatro carretes de diapositivas en color que fabricó Kodak hasta 2009.

Uno de los personajes que reconoce que le marcó fue tener que dar vida a Beethoven en “Copying Beethoven” (2006) por lo difícil que le resultó ponerse en la piel de un referente cultural universal. Lo hizo a conciencia, tanto, que llegó a estudiar piano: “No conseguí tocarlo bien, pero me hubiera encantado”, bromeaba. Le gustaría volver a trabajar con Weir, que también le dirigió en “Camino a la libertad” (2010), director al que admira por su precisión y detallismo: “Es muy importante trabajar con cineastas brillantes”. Un calificativo que también utiliza con Jonathan Nolan, creador de “Westworld”: “Saben lo que soy capaz de hacer y me pueden dirigir”.

Para Harris, los escenarios y la vida viene a ser lo mismo: “Ser actor es una manera de vivir, de mirar el mundo”. Cree, además, que su trabajo le ha ayudado a crecer como persona y estar más alerta. En cuanto al futuro del cine, Harris se muestra cauto: “La industria ha cambiado mucho y la manera de trabajar de la televisión es muy diferente a la del cine, pero todo tiene ventajas y desventajas; lo malo de las plataformas es que no puedes ver la película en pantalla grande y lo bueno de Internet es que puedes ver la película cuando quieres y ahí sigue mucho después de estrenarse”.

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