Lunes, 13 de Abril 2026

Conflicto en Medio Oriente traería recesión global si continúa prolongándose

La afectación no solo provendría del encarecimiento energético, sino también de disrupciones en cadenas de suministro y tensiones en los mercados financieros

Por: SUN .

Si bien el impacto sería menor en comparación al que hubo durante la pandemia o la crisis financiera global, la magnitud del ajuste implicaría una caída más coordinada de la actividad económica que cualquier otro episodio en las últimas cuatro décadas. CANVA

Si bien el impacto sería menor en comparación al que hubo durante la pandemia o la crisis financiera global, la magnitud del ajuste implicaría una caída más coordinada de la actividad económica que cualquier otro episodio en las últimas cuatro décadas. CANVA

De acuerdo con un análisis de Oxford Economics, se estima que si el conflicto en Medio Oriente continúa prolongándose, podría provocar una recesión sincronizada, en una situación marcada por el incremento en los precios de la energía, presiones inflacionarias y una caída más fuerte en el crecimiento económico.

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El análisis plantea que, bajo un escenario adverso en el que los precios del petróleo superen los 150 dólares por barril durante al menos cuatro meses, acompañado de escasez de productos energéticos refinados, la inflación global podría escalar hasta 7.7%, un nivel cercano al observado en 2022. Este incremento detonaría efectos no lineales que amplificarían el impacto económico y derivarían en una contracción de la actividad global hacia mediados de 2026.

En este contexto, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial se desaceleraría a 1.4% en 2026, es decir, 1.2 puntos porcentuales por debajo del escenario base, con una recuperación limitada a 2.1% en 2027. De acuerdo con la firma, el deterioro sería generalizado, con lo que se anticipan recesiones en Estados Unidos y en la mayoría de las economías avanzadas, mientras que China reduciría su ritmo de expansión a 3.4 por ciento.

Aunque el impacto sería menor al observado durante la pandemia o la crisis financiera global, la magnitud del ajuste implicaría una caída más coordinada de la actividad económica que cualquier otro episodio en las últimas cuatro décadas. La afectación no solo provendría del encarecimiento energético, sino también de disrupciones en cadenas de suministro y tensiones en los mercados financieros.

Según el análisis de Oxford Economics, en el punto más crítico, hacia el cuarto trimestre de 2026, la reducción en la oferta de energía restaría por sí sola cerca de 0.9 puntos porcentuales al PIB global respecto al escenario base. Sin embargo, al incorporar efectos adicionales como escasez de combustibles y ajustes en los mercados, la desviación total podría alcanzar 2.1 puntos porcentuales.

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El impacto podría ser incluso mayor si se materializan riesgos adicionales, como una caída en la inversión en sectores estratégicos como la inteligencia artificial o un desanclaje de las expectativas inflacionarias. Este último factor implicaría un aumento sostenido en los costos de financiamiento y limitaría la capacidad de respuesta de la política monetaria ante futuros choques.

En este entorno, los bancos centrales enfrentarían un dilema complejo entre contener la inflación o evitar un mayor deterioro de la actividad económica, en un escenario donde el choque energético amenaza con prolongar la debilidad del crecimiento global.

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KR

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