Jueves, 26 de Marzo 2026

Mahler como destino: la OFJ cierra temporada

La orquesta ofrece un programa donde el virtuosismo y la tradición se entrelazan bajo la batuta del maestro José Luis Castillo

Por: El Informador

José Luis Castillo, director artístico de la OFJ. EL INFORMADOR/ A. Navarro

José Luis Castillo, director artístico de la OFJ. EL INFORMADOR/ A. Navarro

La temporada de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) llega a su desenlace con un programa que reúne tradición, virtuosismo y una obra sinfónica final cuyos alientos prolongados se asemejan un tanto a esto que llamamos vida. Bajo la batuta precisa de José Luis Castillo y con la participación de la violinista Rachel Barton Pine, el concierto final articula un recorrido que parte de las raíces folclóricas de Antonín Dvorák y culmina en la enorme arquitectura sonora de la “Sinfonía núm. 5” de Gustav Mahler. Una partitura inmensa que exige un desempeño particular a la OFJ.

El cierre de temporada se construye a partir de tres obras que dialogan entre sí desde distintos registros expresivos: la “Danza Eslava núm. 8, Furiant” y el “Concierto para violín”, ambas de Dvorák; así como la “Sinfonía núm. 5” de Mahler. Más allá del engranaje de piezas, el programa traza un mapa musical que se mueve entre lo íntimo y lo expansivo -en palabras del maestro Castillo-, entre el impulso rítmico y la construcción sinfónica. Para el director de la OFJ, el concierto reúne elementos que han estado presentes a lo largo de la temporada y permite observarlos desde una perspectiva amplia.

“Es un concierto en el que se encierran algunas felices coincidencias. Es un programa que se focaliza en un lugar, como es la región de Bohemia, que ha dado artistas importantes. Nos permite trazar un puente desde lo folclórico hasta lo expresionista, desde lo romántico hasta lo postromántico, desde lo íntimo y solístico hasta lo expansivo con esa gran obra que es la Sinfonía núm. 5”, explicó el director en entrevista con EL INFORMADOR.

Dvorák: la memoria popular como punto de partida

Las obras de Dvorák que integran el programa comparten la misma raíz inquieta: el interés por las tradiciones musicales de su país. En ellas, la danza y la melodía popular funcionan como una eclosión imaginativa para la experimentación sinfónica. La luz de la “Danza eslava núm. 8” se distingue por su energía rítmica y su carácter festivo, mientras que el “Concierto para violín” arroja al oído una escritura más elaborada, pero cuyo lenguaje se adentra a los colores sonoros del folclor. La presencia de Rachel Barton Pine como solista aporta un matiz importante a la obra. Su trayectoria internacional y su cercanía con el repertorio centroeuropeo le permiten asumir la pieza desde una perspectiva personal, algo que incide en la dinámica musical.

“Es una pieza que Rachel ha tocado en muchísimos escenarios y con muchas orquestas. Es una obra que ha grabado y que conoce maravillosamente bien. La ha hecho suya, de tal manera que el discurso musical se transforma en una experiencia compartida con la orquesta”, señaló Castillo.

El diálogo entre lo popular y lo académico, presente en la música de Dvorák, se mantiene vigente en la práctica musical contemporánea. Para el director, ese equilibrio se construye a partir de la identidad cultural de cada compositor. “La estrategia de tantos grandes creadores ha sido recurrir a los elementos y características de lo propio para, a partir de ello, crear. Y por crear me refiero a no copiar, sino a generar algo nuevo a partir de esos elementos”, explicó.

Mahler: una obra de resistencia

La enorme “Sinfonía núm. 5” de Mahler ocupa el centro simbólico del programa. Compuesta a inicios del siglo XX, la obra marca una transición en el lenguaje del compositor hacia una escritura instrumental, en la que la orquesta se somete a la música, y se convierte en el principal vehículo expresivo. Su estructura, organizada en cinco movimientos agrupados en tres grandes secciones, exige una lectura precisa de sus tensiones internas y de su progresión emocional. Castillo dice que la partitura plantea un desafío tanto interpretativo como físico para los músicos.

“Es una pieza muy grande, una sinfonía de más de una hora de duración, aproximadamente 75 minutos de música. Es una obra que hay que planificar muy bien. Físicamente es muy demandante, artísticamente es muy demandante y técnicamente también lo es”, afirmó.

En todo caso -aunque siempre demandante-, la música de Mahler no es un universo ajeno a los músicos de la OFJ. La relación entre la orquesta y la música de Mahler es tallo que ha ido floreciendo con el paso del tiempo. La agrupación ha interpretado su repertorio en distintos programas, y por sus virtudes y complejidades, ha encontrado en él un espacio de crecimiento artístico. Un mar en cuyas aguas transitan como lo exige el mar mismo: con fascinación y con respeto. 

“La Orquesta Filarmónica de Jalisco ama tocar Mahler. Es un compositor en el que la orquesta navega maravillosamente bien. Es también un compositor con el que la orquesta ha girado y por el que ha sido reconocida. Cumple una relación muy especial con el público”, comentó el director.

Dirigir una obra de esta magnitud implica, además, construir una visión compartida entre los músicos y Castillo, una interpretación que responda a las necesidades de la obra y a la identidad de la agrupación. “Es importante que la orquesta y el director encontremos nuestra versión, encontremos un lugar común y, a partir de ese lugar común, digamos las cosas que queremos decir y que creemos que el compositor quiso expresar”, explicó.

Un balance de temporada

El concierto final también funciona como un punto de evaluación para la orquesta. Después de varios meses de actividad, la agrupación cierra el ciclo con un repertorio que exige precisión técnica, resistencia física y cohesión artística. Para Castillo, el resultado de la temporada se mide en la calidad del trabajo colectivo y en la respuesta del público. Este último programa cierra con la noticia feliz de que los conciertos del jueves y el domingo fueron sold-out. 

“Estoy muy satisfecho. Lo que toca la Filarmónica de Jalisco y cómo lo toca es algo que me produce mucha felicidad. Esa comunión artística, ese diálogo musical con mis colegas, es algo que me llena de satisfacción”, finalizó.

Con este programa, la Filarmónica de Jalisco concluye un periodo marcado por la diversidad de repertorios y por el fortalecimiento de su relación con el público. La “Sinfonía núm. 5” de Mahler, con su amplitud sonora y su intensidad emocional, funciona como una síntesis de ese recorrido: una obra que exige concentración, resistencia y, sobre todo, el acto de escuchar como un encuentro, una experiencia comunal.

Concierto de clausura

Programa ocho

Horario

  • Hoy, 26 de marzo,  a las 20:30 horas.
  • Domingo 29 de marzo, a las 12:30 horas.

Sede 

  • Teatro Degollado

Músicos participantes

  • José Luis Castillo, director artístico.
  • Rachel Barton Pine, violín.
  • Isidro Daniel González Cabezas, corno.

CT

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